Hasler Iglesias. Foto: Carolina Cabral.

Hasler Iglesias, uno de los líderes de la juventud venezolana, más concretamente Coordinador de las juventudes del partido de Leopoldo López, sintetiza en cinco características los rasgos de los jóvenes que enfrentan a la dictadura en Venezuela.

La Venezuela del año 2020 es la paradoja de lo imposible hecho realidad. El país con las mayores reservas de petróleo del mundo pero con la gasolina más cara del planeta, el noveno país con mayores reservas de agua dulce pero con millones que sólo reciben el líquido una vez al mes, el país con la cuarta central hidroeléctrica más grande del mundo pero que tiene apagones diarios. Y pudiéramos seguir enumerando inconsistencias… todas explicadas por la instalación de un régimen comunista con tendencias totalitarias que desde hace 21 años ha destruido la economía, la iniciativa privada y ha conculcado las libertades y derechos de más de 30 millones de personas.

Ahora bien, hay una realidad a la que poca atención se le presta: los jóvenes venezolanos. Ese extraño rango etario que, si bien engrosa la cifra de migrantes y refugiados, también resalta por su resiliencia e inventiva dentro del país. Y dentro de ese grupo pocas veces mencionado de los jóvenes que insisten por mantenerse en Venezuela, no sólo están los trabajadores, estudiantes, emprendedores y profesionales dedicados a lo privado –merecedores de grandes reconocimientos–, hay otros que sorprenden incluso más: los que insisten en el servicio público aún con todo el aparato estatal en su contra. Son activistas sociales, defensores de derechos humanos, periodistas y dirigentes políticos; acompañan a los que sufren, impulsan iniciativas de solidaridad, denuncian las injusticias, organizan y movilizan a la población.

Es curioso cuando activistas de otros países nos preguntan ¿cómo hacer para que los jóvenes se interesen en los asuntos públicos? Esa pregunta es muy común en democracias, en sociedades abiertas y donde existe el Estado de derecho… ahí los ciudadanos pueden darse el lujo de no prestar tanta atención a los temas políticos porque mal que bien “funcionan”. En Venezuela es todo lo contrario. Aquí nada funciona, y no es que los jóvenes se interesaran proactivamente en lo público, es que nos vimos obligados a meternos en lo público para no ser arrasados por quienes abusan del poder. En ese entorno, hay cinco elementos que caracterizan a los jóvenes venezolanos, en particular a quienes hemos decidido involucrarnos en asuntos políticos:

1) Cómo nos vinculamos a lo público

Como generación, es raro que nos vinculemos a lo público por tradición, como pasó durante mucho tiempo en muchos países de América Latina. En Venezuela la vinculación surge de grandes causas. Los jóvenes venezolanos nos involucramos en política producto de la indignación, de no tolerar la injusticia, de no consentir con la destrucción de nuestras oportunidades. La mayoría comenzamos con una causa específica: la educación, la seguridad, el deporte, los servicios básicos, las condiciones laborales… Pero rápidamente hemos comprendido que no hay solución posible para ningún problema específico mientras vivamos en dictadura. En ese momento, el compromiso trasciende y supera las fronteras de los temas para convertirse en una lucha existencial.

2) Ser joven en dictadura

Ser joven en muchos países puede ser sinónimo de fiestas, viajes, estudio, entretenimiento y disfrute. Es esa época de la vida donde las responsabilidades apenas comienzan a aparecer y hay bastante tiempo y espacio para el disfrute. Sin embargo, en dictadura, todo esto se ve limitado. Precisamente ese ha sido uno de los principales móviles de la gran migración de jóvenes venezolanos: sentir que su juventud se va desperdiciando en un entorno donde no es seguro salir de fiesta, ni existen los medios para viajar, las oportunidades de estudio –y de empleo– cada día se cierran más, el entretenimiento y el disfrute no entran entre las prioridades del día a día. Eso puede hacer que cualquiera se sienta sombrío y desdichado. Ahora bien, esto más que una justificación para la depresión se ha transformado en un mecanismo de trascendencia. Ser joven en dictadura es ver cada día como una batalla que ganar. Es obligatorio tener un objetivo y perseguirlo. Las condiciones que hoy existen no serán para siempre sólo si perseveramos. Y así, proliferan los emprendimientos, el esfuerzo, y la firme convicción de no dejarse vencer, de no rendirse. La vida nos ha enseñado por las malas que hay un sentido más allá del disfrute efímero, y que sólo los y las fuertes son capaces de alcanzarlo.

3) Ser joven activista

Como si estuviéramos subiendo de nivel, ya ser joven en dictadura es bastante duro, pero hay muchos que van más allá: Se convierten en jóvenes activistas. Y a lo anterior se le suma la reducción del tiempo para pasar con la familia y los amigos, la presión y el estrés de vivir bajo una crisis permanente, además de la persecución despiadada que va arrancándote de a poco a tus compañeros, poniéndolos presos, torturándolos, obligándolos al exilio y hasta asesinándolos. Algunos pudieran decir que es un estrés post-traumático continuado. Repetimos día y noche que eso no es casual, que la estrategia de la dictadura es doblegar nuestro espíritu, y por ello la primera batalla que hay que ganar es la interna. El miedo sólo se vence reduciendo la incertidumbre, conociendo aquello que se enfrenta. Y ya que sabemos a qué nos enfrentamos y lo difícil de la situación, surge la fuerza, las ideas, las alternativas para seguir hasta vencer.

4) La cruz que nos tocó

Crecimos en una sociedad que no creía en los políticos, que veía todo lo público como corrupto, pero que al mismo tiempo esperaba que el Estado y los políticos les dieran todo. Eso nos hizo caer en el chavismo, y quizás eso sea lo que no nos permite terminar de salir de él. Muchos han puesto sus esperanzas en los jóvenes. Esperan que seamos nosotros los salvadores, los héroes que salvemos a la nación. Pero nosotros hemos entendido que solos no podemos. Que mientras la población delegue su poder en otros, por muy buenos que sean, poco se avanzará. El compromiso es entonces: no sólo conquistar la democracia, sino hacer que el ciudadano deje de cargarle su cruz a otros, sino que todos juntos carguemos la cruz común, para salir de ella.

5) Expertos en ponerse de pie

Bien dicen que los movimientos de resistencia no-violenta pierden todas las batallas, excepto la última. Los venezolanos hemos intentado de todo, una y otra vez, con variantes y similitudes. Si bien mucho se ha avanzado, también hemos salido bastante golpeados. En la conquista no sólo de la democracia, sino de cualquier aspiración superior del ser humano, el camino está lleno de escollos y caídas, y sólo el que es capaz de levantarse todas las veces, finalmente lo logra. Por eso aquí seguimos, jóvenes activistas en dictadura, cubiertos de heridas, pero con una visión clara del país que soñamos, eso es lo que nos ha hecho expertos en ponernos de pie todas las veces que haga falta, hasta lograrlo.

TEXTO: HASLER IGLESIAS

TWITTER: @hasleriglesias

IG: @hasleriglesias

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