Enrique IV de Francia, la letra de un himno y el culto a la personalidad

ENRIQUE IV DE FRANCIA: SER REY PASANDO POR LA IGLESIA

París bien vale una misa. La gente que toma una decisión o toma partido a favor de algo o alguien, en contra de sus ideas o convicciones, esperando obtener algún beneficio de ello suele recurrir a este tópico cultural.

Esta frase se le atribuye a Enrique de Borbón, Enrique III de Navarra y IV de Francia, tras decidir abjurar del protestantismo, dejar de ser hugonote; y abrazar la fe católica a cambio de poder convertirse en el rey de Francia.

Pero… ¿cómo llegó el rey de Navarra a ser rey de Francia? ¿Por qué tuvo que bautizarse Enrique para serlo? Veamos.

DIVIDIDOS POR LA FE

Entre 1562 y 1598 se desarrolló en Francia las llamadas guerras de religión; una serie de conflictos civiles de extrema violencia en el que se entrelazan luchas por el poder a nivel interno como a nivel internacional y la disputa religiosa en Francia entre católicos y protestantes-calvinistas conocidos como hugonotes.

En el panorama político francés tenemos al rey Carlos IX y su madre Catalina de Médici, la gobernante de facto por la minoría de edad de su hijo; la casa nobiliaria de los Borbones, con el Luis de Condé a la cabeza y de mayoría hugonote; y la casa nobiliaria de los Guisa, liderados por Enrique de Guisa y católicos.

A nivel internacional, las grandes potencias europeas apoyaban alguno de los bandos, siempre por intereses políticos.

En este caso, la Monarquía hispánica de Felipe II apoyaba el bando católico y la Inglaterra de Isabel I apoyaba a los hugonotes.

A todo esto, Enrique de Borbón, hijo de la reina de Navarra Juana de Albert y su consorte Antoine de Borbón, nunca sospecharía lo que el futuro le deparaba.

Tras la tercera guerra de religión (1568-1569), tras la muerte de su tío Luis, Enrique quedaba como líder de los hugonotes por ser hijo de alguien de sangre real; aunque también estaban Enrique Condé, hijo del difunto Luis Condé, y Gaspard de Coligny, líder político del partido o facción hugonote.

Con Coligny dentro del Consejo Real, este pudo maniobrar para ganarse el favor del joven Carlos IX para sacar del poder a su madre y para colocar a Enrique de Borbón en buena posición como sucesor al trono.

VERANO CALIENTE Y VUELTA A LAS ARMAS

En el verano de 1572 le pasarían muchas cosas al joven Enrique. En junio, Enrique de Borbón era coronado como Enrique III de Navarra tras la muerte de su madre Juana y, en agosto se casaba con Margarita de Valois, hermana del rey Carlos IX.

Este enlace no fue bien recibido ni por católicos ni protestantes ni por el papa Gregorio XIII ni por los propios novios.

Hubo boda y aumentó la tensión hasta tal punto que, el día 22 de agosto, Coligny fue víctima de un atentado orquestado por los católicos, bajo el amparo de los Guisa y de la reina madre Catalina de Médici.

Como respuesta, los hugonotes clamaban venganza a las puertas del palacio del Louvre y de la residencia de los Guisa.

Por miedo a una revuelta protestante, la reina convenció a su hijo para participar en un complot para acabar con los líderes hugonotes y durante la madrugada del 23 de agosto se produjo la Matanza de San Bartolomé.

Este sangriento episodio duró varios días donde murieron miles de hugonotes, entre ellos el propio Coligny. Enrique de Navarra salvó su vida.

En 1574 muere Carlos IX y lo sucede en el trono Enrique III, uno de sus hermanos que se había ido a Polonia para ser rey.

Francoise de Alençon, el tercer hermano, enfadado por no ser él el rey, se alía con Enrique de Borbón para luchar contra su propio hermano, pero fracasan.

Enrique III de Francia y los protestantes de Enrique III de Navarra se enfrentarían entre 1574 y 1585.

Finalmente, Enrique III reconocía a Enrique de Borbón como su heredero tras la muerte de su hermano Francoise y tras ver que no tendría descendencia masculina directa para sucederle.

Los católicos, liderados por Enrique de Guisa, se opusieron a que el heredero al trono fuera un hereje y decidieron reformar La Liga Católica, el movimiento político armado de los católicos franceses que habían formado en 1568.

Estos, financiados por su católica majestad Felipe II, apostaron por el anciano tío del soberano de Navarra; el cardenal de Borbón, Carlos.

Así iniciaría la octava y última guerra de religión: la Guerra de los Tres Enriques. Tras muchas batallas en territorio francés y tras el asesinato de Enrique de Guisa en 1588 y la muerte del cardenal de Borbón, Enrique IV pudo someter a La Liga Católica.

Sin embargo, La Liga tenía sometida des del 12 de mayo de 1588, el Día de las Barricadas, la ciudad de París, de mayoría católica y el rey de Navarra necesitaba el favor del pueblo para legitimarse definitivamente como rey de Francia.

A nivel internacional, ni Felipe II ni el papa Clemente VIII lo reconocían por ser hugonote.

RENUNCIAR A LA FE POR LA PAZ

Para ser reconocido como legítimo rey de Francia, ganarse el favor de la mayoría católica de su reino, resolver el conflicto religioso y para conseguir la paz con la Monarquía Hispánica y el Santo Padre, el 25 de julio de 1593, en la Basílica de Saint-Denis, Enrique de Borbón abjuró del protestantismo y se convirtió al catolicismo.

Finalmente, el 22 de marzo de 1594, Enrique IV de Francia entraba a París como rey de los franceses.

El 13 de abril de 1598, Enrique IV publicó el Edicto de Nantes en el que se promulgaba una amplia tolerancia religiosa y, por lo tanto, proclamaba la paz en Francia y, el 2 de mayo del mismo año, el rey francés firmaba la Paz de Vervins con el rey de la Monarquía Hispánica, que reconocía a Enrique IV como monarca legítimo de Francia.

Es seguro que Enrique IV jamás pronunciara la frase de París bien vale una misa, pero es innegable que la frase resume a la perfección que, gracias a la decisión que tomó, este rey puso fin a 27 años de cruentos enfrentamientos de solo desangraron Francia.

Carlos Llanas Vizcaino @carlosllanas_

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