BATALLA DE ADRIANOPOLIS. RAZONES Y CONSECUENCIAS

Batalla de Adrianópolis. Razones y consecuencias.

Asentamiento godo en el norte del Danubio
Desde mediados del siglo II d.C., tribus de procedencia germánica se habían estado reuniendo en la orilla norte del Danubio. Estas gentes, los godos, van aumentando en número hasta que para el 376 d.C. su número ya es más que notable. Estos se situaban en los límites del Imperio romano y solicitaban asilo o trabajo. Aunque para entonces ya todos querían entrar dentro del Imperio.
Los pueblos godos, de ascendencia germana, llegan a un territorio* que se encontraba prácticamente abandonada ya por Roma. En esta zona reinaba la anarquía, por lo que es probable que Roma incluso apoyara a que los godos ocuparan este territorio con el objetivo de dar estabilidad a la región. Previamente a los godos, en la zona se lideraban incursiones a territorio romano, en su mayoría liderados por los longobardos.
Para los godos también tenía un sentido puramente económico, ya que en esta zona se encuentran las rutas del ámbar, que conectaban el Imperio con el Báltico. El control recaía ahora en manos bárbaras y tenía una gran importancia económica y política.
El primer gran encuentro entre godos y romanos sucede en el 251. Después de que el emperador Decio negara a las tribus del norte del Danubio seguir pagándoles los tributos que se pagaban desde la época de Maximino el Tracio, estas comenzaron a realizar incursiones de saqueo por las regiones de los Balcanes y Asia Menor. Cuando el emperador Decio marcha a sofocar la rebelión, cae en una emboscada (Batalla de Abrito) llegando a fallecer en combate.
El año 332 es el decisivo para la dominación prácticamente total de la región transdanubiana por los godos, pues estos derrotan a las tribus sármatas, que son los autóctonos de estas tierras. Los sármatas, como última opción piden ayuda al emperador Constantino, que responde derrotando a los godos y capturando a su líder. Sin embargo todo esto sería para nada, porque los sármatas sufrirían una guerra intestina que provocaría la victoria de un clan. Este clan*, debilitado, fue acogido dentro del limes, dejando libre la región para los godos.
Aunque para el Imperio no todo fue en vano. Aparte de propinar una brutal derrota a los godos (100.000 godos fallecidos, según Jordanes), los godos dejaron de ser una amenaza durante un tiempo, y muchos tuvieron que servir en el ejército romano. Durante los años 340 y 360 las relaciones comerciales entre godos y romanos están muy generalizadas, aunque la difusión del cristianismo por tierras godas provocó alguna fricción.
La relación entre godos y romanos empieza a empeorar tras la llegada del emperador Juliano, a quienes los godos le pidieron una mejora de los acuerdos entre ellos y Roma. Este no solo les rechazó, sino que les amenazó con lanzar una campaña a sus tierras. Este emperador muere en las campañas contra los sasánidas, y le sucede el emperador Valente. Este tuvo que enfrentarse al usurpador Procopio, al cual le habían reforzado los godos con tropas. Como venganza, una vez aplastado el bando rival, el emperador Valente se lanzó a Gothia, destrozando cultivos y aldeas de los godos, que huyeron a los montes Cárpatos. En el 369 el emperador Valente reanudó las hostilidades, infringiendo varias derrotas a godos y grutungos.
1. Hablo de la Dacia Transdubiana, conquistada en el 106 d.C. por Trajano.
2. La población sármata que emigró al Imperio constaba de unos 300.000 componentes.
Sin embargo, debido a la vuelta a las hostilidades con Persia, Valente pacta la paz con el iudex godo, en donde queda estipulado el fin de los pagos de Roma a los godos.
Cruce del Danubio
En los años sesenta del siglo IV d.C., una nueva amenaza sacude a Europa: Los hunos. Este pueblo estepario provocó que los godos decidieran emigrar al sur. Los godos saben de ellos debido a la derrota alana frente a los hunos en las estepas pónticas, que provoca la solicitud en el 376 de la entrada en el limes por parte de los godos. Fue el rey Fritigerno quien humildemente pidió entrar a formar parte del Imperio como labradores y soldados.
El emperador Valente accedió, tras reclamarles rehenes y que entregaran sus armas. Sin embargo, una vez dentro del Imperio no les dejó habitar ciudades romanas y no les abasteció de suministros. Esto fue culpa de dos altos cargos romanos corruptos (Lupicino y Máximo), que incluso cometieron actos criminales. Llegaron a intercambiar perros por antiguos hombres libres, aprovechándose del hambre que sufrían los godos.
La situación estaba siendo cada vez más tensa, hasta el punto que Valente tuvo que trasladar tropas desde Armenia a Tracia. Además nuevos grupos bárbaros se fueron infiltrando por el Danubio, como grutungos, alanos, hunos…
Un intento Godo de tomar Constantinopla provocó que la ira del pueblo se lanzara contra el emperador, que mandó primero refuerzos y finalmente se presentó él mismo en persona. El líder godo Fritigerno envió un emisario proponiendo que se les cediera la región de Tracia para asentarse y someterse con el tiempo a la autoridad imperial, condiciones que Valente rechazó ya que pretendía exterminar a los godos con una batalla decisiva (junto al ejército godo marchaban todas sus familias y pertenencias en carretas).

Batalla de Adrianópolis
Hay que tener presente una serie de circunstancias que se dieron en la batalla. La primera de ellas es que el ejército que derrotó a Valente no estaba compuesto exclusivamente de godos, sino que también formaban parte de él grutungos, taifales (germánicos pero no godos), alanos y hunos. Esto propiciaba una gran flexibilidad estratégica y logística, que permitían dividirse en subgrupos étnicos.
En segundo lugar, hay que tener claro que tanto Fritigerno como Valente se conocían con anterioridad. En la Guerra Gótica (367-369) Valente intervino en la guerra civil apoyando a Fritigerno frente a Atanarico. Fritigerno en agradecimiento se convirtió al arrianismo (religión que profesaba Valente). Esto fue fundamental para que Valente confiara en este cuando cruzara el Danubio y que tratara de buscar una salida pacífica.
El tercer aspecto es el número de los godos. De una población de unas 200.000 personas (según Eunapio), unos 50.000 serían guerreros. A estos hay que sumarles otros 50.000 jinetes, en su mayoría alanos y grutungos. Los romanos serían unos 40.000 infantes y 20.000 de caballería (cifras de la batalla según Burns). Valente no pudo trasladar todas las tropas que hubiese querido debido a la rebelión de los sarracenos en Arabia.
El campo de batalla, aunque todavía no se conoce su localización con total exactitud, se sabe que estaba a 17 kilómetros al noreste de la ciudad de Adrianópolis, cerca de la actual Edirne, en la Turquía europea. Los godos dispusieron todos los carros que tenían a modo de barricadas en un círculo, de unos 750 m. de diámetro, disponiendo a las familias en el centro. Aunque no hay registros de la formación de la confederación bárbara, sí que los hay de la romana: Los romanos llegaron de una manera apresurada al campo de batalla y formaron de un modo bastante convencional, con la infantería en el centro y la caballería en ambas alas.
Los romanos, que habían hecho el final del trayecto, en vez de entablar ya el combate, continuaron en formación con las armaduras puestas al sol del verano. Fritigerno, sabiendo esto, trató de alargar el combate enviando emisarios. También se encontraba esperando el total de su caballería, compuesta por alanos y grutungos. Valente picó el anzuelo y envió a un emisario al campamento enemigo para iniciar unas negociaciones serias. Fritigerno en la espera, que se alargaba ya por horas, aprovechó para encender unas hogueras que dieran con el humo al contingente romano, provocando que muchos tuvieran los ojos irritados y se cansaran más. Todo esto por no hablar del hambre en la tropa.
Sin embargo, y contra todo pronóstico, los romanos iniciaron el ataque lanzando a dos unidades de élite, schola scutariorum y la schola sagittariorum (caballería con arco), contra el ala izquierda del conjunto godo. Esta caballería provenía del reino de Iberia (reino que se encontraba en el Cáucaso) y se habían unido al ejército de Valente. Fueron rápidamente rechazadas; aunque provocó el inicio del combate entre infanterías. El inicio de la melé pareció decantarse a favor de Roma, que atravesó rápidamente la línea goda y llegó hasta la línea circular de carros.
Pero este avance fue en vano, ya que la línea romana no avanzó de manera equitativa, y esta avanzada tuvo que retroceder porque estaban empezando a rodearle por los flancos. La melé se formó muy compacta y poco maniobrable y ahora se encontraban ambos bandos en tablas. Y de repente, de manera totalmente decisiva, llegaron los contingentes de caballería alana y grutunga para cargar por la espalda a la infantería romana.
Este episodio guarda similitud con la batalla de Zama, con una llegada crucial de la caballería númida y romana al mando de Masinisa y Lelio.
Los romanos se vieron totalmente rodeados, con la caballería destrozándoles la espalda y con una infantería goda con más moral que nunca. Además los proyectiles que les lanzaban solían dar en el blanco debido a lo aglutinados que se hallaban. Los generales trataron de traer refuerzos, pero al ver que habían huido los propios generales se lanzaron en huida.
El culmen del terror ocurrió cuando se difundieron los rumores sobre el emperador. Unos decían que había fallecido y otros que se había refugiado debido a una herida.
Con Valente parece que lo que realmente ocurrió es que fue herido por una flecha y se retiró a una granja cercana. Su muerte, relatada por Amiano Marcelino, fue harto penosa. El emperador se refugió en la cabaña y estaba siendo escoltado por algunos lanciarii y matiarii. Estos cerraron las puertas a cal y canto y mientras estaban curando al emperador manos inexpertas un gran número de godos se aproximó a la cabaña. Desde la cabaña se defendieron lanzando flechas, por lo que los godos apilaron leña a su alrededor y le prendieron fuego, falleciendo hasta el último hombre.

El conjunto godo, exultante de alegría se lanzó a saquear Adrianópolis. Desoyendo a un astuto Fritigerno que desaconsejaba esta acción, sufrieron una derrota al tratar de escalar los muros de la ciudad sin maquinaria de asedio. Más tarde marcharon hacia Constantinopla, pero nada más ver las murallas de la ciudad decidieron retroceder y dividirse en pequeños grupos que saquearon toda la región, llegando a la costa Iliria y a Tesalónica.
La consecuencia más a corto plazo fue la muerte en combate del emperador Valente. Graciano, emperador de los territorios de Occidente debía nombrar un sucesor, y que además tuviese experiencia militar. El elegido fue Teodosio, que se encontraba ante una grave crisis, debido a la escasez de recursos y a las hordas bárbaras que estaban saqueando el territorio.
Las bajas humanas romanas fueron muy abultadas, entre 20.000-26.000 de un total de unos 35.000 hombres. La mayoría fueron de infantería, ya que los que poseían caballo pudieron huir más fácilmente. En esta batalla se perdieron dos tercios del ejército total de Roma, tantas bajas en una batalla no había sufrido Roma desde Cannae.
A largo plazo, esta batalla cambió la forma de hacer la guerra Roma. El Imperio pasa a una táctica mucho más defensiva. Teodosio suprimirá las legiones, cambiando a estos por los limitanei, que quedan relegados como guardias fronterizos.

Teodosio I el Grande
Teodosio no contaba con los efectivos necesarios como para enfrentar a las amenazas que tenía tanto dentro del limes como las que estaban todavía fuera. Por lo que comprendió que la mejor opción era dialogar con los bárbaros.
Teodosio les trató siempre con mucho respeto y no hizo distinciones con ellos. Nombró Comandante Supremo de los ejércitos a Estilicón, semibárbaro de ascendencia vándala, a quien incluso confió la tutela de sus dos hijos cuando estaba en el lecho de su muerte.
Teodosio fue partidario de la paz con los godos, como la mayoría en la Corte. Aunque había algunos pocos que seguían siendo partidarios de la lucha armada contra los godos, la mayor oposición la encontró Teodosio en la incorporación de bárbaros en altos cargos.
Tres años después de la derrota en Adrianópolis (381) Teodosio estableció un foedus con los godos, en el que entre otras cosas se comprometía a entregarles tierras en el norte de las regiones de Dacia y Tracia. Estas seguían perteneciendo a Roma y los godos trabajaban en ellas a modo de autónomos. Además estaban exentos de tasas y tenían derecho a subsidios en forma de trigo, ropas y otros productos.
Sin embargo, los godos no podían casarse con ciudadanos romanos y tendrían que aportar hombres para la guerra cuando se les reclamaran, aunque sus jefes militares seguirían siendo godos.
Se establecía de esta manera una relación de intereses entre Roma y los godos, ya que Roma necesitaba la estabilidad que proporcionaban los godos en estas provincias limítrofes del Imperio, aparte de los recursos tanto humanos para las guerras como agrícolas que producían. Por ejemplo, el emperador Teodosio utilizaría a estos godos para aumentar sus filas en la batalla de río Frígido contra el usurpador Eugenio, donde Alarico dirigió en esta batalla un contingente de godos a las órdenes de Estilicón.
Establecimiento godo en Europa
Tras el fallecimiento del emperador Teodosio (último emperador romano que controló las partes Occidental y Oriental del Imperio) se desató una nueva guerra gótica. Los godos dirigidos por Alarico se dirigieron desde sus campamentos hacia Constantinopla, asolando la región a su paso. Flavio Rufino pactó con ellos que se fueran a las costas ilirias.
Los godos fueron rodeados por Estilicón (actualmente servía para la parte Occidental), aunque los orientales le ordenaron retirarse por miedo a que reclamara esa parte del imperio para la zona Occidental. Los godos deciden ahora ir al sur de Grecia, donde vuelven a ser rodeados por Estilicón y vuelve a suceder lo mismo.
Ante la imposibilidad de reunir un ejército que pudiera hacerles frente, Rufino decide darles lo que deseaban: Iliria. Esta decisión provocó que más tarde los godos le dieran la espalda a la zona Oriental y se lanzaran a saquear primero el norte de Italia y después se atreverían a saquear la mismísima Roma en el 410.
Pero ya en el 418, y tras haber recorrido media Europa, los godos acuerdan un nuevo foedus con Roma. Alarico había fallecido en Cosenza y ahora sus sucesores seguían a Ataúlfo. Este decidió establecerse en la Narbonense (sur de la Galia), expandiéndose hacia Aquitania y pasando Barcino tras un acuerdo con Constancio III. Aquí permanecerían hasta que fueron expulsados por los francos en el 531.

Conclusiones
Toda esta migración es una consecuencia a largo plazo de la batalla de Adrianópolis, en donde los godos pasaron de ser vistos como bárbaros a ser útiles aliados al servicio de Roma. La contribución goda, a veces cambiante, para tratar de salvaguardar el Imperio romano Occidental (véase el claro ejemplo de la batalla de los Campos Catalaúnicos), fue crucial para la supervivencia de este hasta el 479.
Otra de las consecuencias de la batalla fue la desprotección de la frontera del Rin, por la que pasaron suevos, vándalos y alanos los cuales empezarían a ocupar la Galia sin apenas resistencia. La batalla de Adrianópolis fue una consecuencia directa de la degradación del ejército romano, que dejó de ser la máquina conquistadora y compacta de antaño para tomar forma de un ejército defensivo que no daba a basto.
Las invasiones bárbaras provocarían el inicio de una nueva época. Cambiarían el mapa de Europa, que pasa a un conjunto de reinos heterogéneos, de los que destacarían el de los francos y el de los visigodos.
El último rescoldo del ejército romano se puede apreciar en tiempos de Justiniano, gracias también a la astucia del general Belisario. Constantinopla empezó con un proyecto prácticamente irrealizable de conquista del reino vándalo de África, tras reconquistarlo se lanzó a Italia y hasta la costa mediterránea de la península ibérica, aparte de las campañas defensivas frente a los sasánidas.

Ilustraciones

 

 

 

 

 

 

 

 

Ilustración en la que queda reflejada la revisión de la mercancía de un germano tratando de atravesar el limes del Danubio. Realizada por Samson J. Goetze.

 

 

 

 

Ilustración que representa el momento más cruento de la batalla de Adrianópolis, en el que ambos ejércitos se enfrentaron en la melé cuerpo a cuerpo. Realizada por Radu Oltean.
Bibliografía

Halsall, G. (2012): Las migraciones Bárbaras y el Occidente Romano, 376-568. Publicación de la Universidad de Valencia.
Heather, P. (2006): La caída del Imperio Romano. Barcelona, Editorial Crítica.
MacDowell, S. (2001): Adrianople AD 378: The Goths crush Rome´s Legions. Tenterden: Osprey Millitary.
Soto Chica, J. (2019): Imperios y Bárbaros. La guerra en la Edad Oscura. Editorial Despertaferro.
Destaco también que he citado al autor clásico Jordanes en numerosas ocasiones.

Santiago Conde