LA GUERRA CIVIL DEL SIGLO XIX. LA PRIMERA GUERRA CARLISTA

LA GUERRA CIVIL DEL SIGLO XIX: LA PRIMERA GUERRA CARLISTA

Mucho se ha hablado y se conoce acerca de la Guerra civil española que se sucedió entre 1936 y 1939. Todos conocemos sus causas, su desarrollo y sus consecuencias, pero poco se habla de la primera guerra civil que hubo en España que ocurrió apenas 100 años antes: la primera guerra carlista. Este conflicto que se sucedió entre 1833 y 1840 es considerada, ya por los contemporáneos de la época, como la primera contienda entre españoles ya que fue una lucha entre dos bandos: entre los partidarios de Isabel II (los isabelinos) y los partidarios de Carlos María Isidro de Borbón (los carlistas). Hoy vamos a analizar los puntos clave de esta contienda civil que sucedió en nuestro país antes que la guerra civil del siglo XX que todos conocemos.
Pugna por el trono
29 de septiembre de 1833. Esta es la fecha en la que fallece uno de los monarcas más controvertidos de la historia de España, Fernando VII. El rey que empezaría su reinado siendo conocido como el Deseado, acababa su reinado siendo uno de los reyes más odiados debido a que su reinado fue de carácter absolutista. Este dejaba dos hijas, Isabel, de 3 años y Luisa Fernanda de 2; a María Cristina de Borbón-Nápoles, su cuarta esposa y madre de las niñas, y a su hermano Carlos María Isidro de Borbón.
El padre de Fernando y Carlos María, el rey Carlos IV, declaró en su momento una Pragmática Sanción que establecía que, en casos extremos, las hijas podían acceder al trono si el monarca no tenía herederos varones que le sucedieran. Esta Pragmática Sanción de 1789 no pudo ser promulgada hasta 1830 por Fernando ya que España tuvo que vivir la guerra contra Napoleón, el reinado de José I Bonaparte entre otras cosas. De esta manera, la también denominada “Ley Sálica” hacia posible que Isabel pudiera ser la reina a la muerte de su padre ya que este no conseguía un heredero varón. Sin embargo, entre 1830 y 1833, Fernando VII titubeó en su decisión y llegó a nombrar heredero a su hermano Carlos, pero, en el último momento, el rey proclamó sucesora a Isabel, pero esta decisión no terminó de aclarar la situación del trono de España. De esta manera, a la muerte del monarca, en España se proclamaron dos reyes: Isabel II y Carlos V de Borbón. En el caso de Isabel, al ser menor de edad, su madre María Cristina fue nombrada regente.
Empieza la lucha
Durante los primeros días de octubre de 1833, voluntarios realistas se fueron alzando contra Isabel II y María Cristina y proclamaron rey a Carlos María Isidro bajo el nombre de Carlos V. En concreto, el pretendiente Carlos obtuvo el apoyo de las zonas de Navarra, País Vasco, la Cataluña interior y la zona montañosa del sur del rio Ebro conocido como el Maestrazgo. Se considera el inicio de la guerra el día 6 de octubre cuando el general carlista Ladrón de Cegama proclamó rey a Carlos V en Tricio, La Rioja.
En territorio español, los carlistas estaban formados por, mayoritariamente, gente del campo, sectores más tradicionalistas de la Iglesia y del mundo militar y voluntarios realistas que combatieron a partir de técnicas de guerrillas. A nivel militar, los principales generales en el mando carlista fueron Tomás Zumalacárregui, que se encargó de dirigir el frente de Navarra y el País Vasco, el general Manuel Carnicer, que dirigió el frente noreste, y Ramón Cabrera “El Tigre del Maestrazgo”, que substituyó a Carnicer a partir de 1835. Isabel II y María Cristina, por su parte, tenían el apoyo del ejército, los funcionarios, aristócratas madrileños y la burguesía, menestrales y el proletariado del mundo urbano y los progresistas y liberales.
A nivel internacional, los carlistas recibieron el apoyo material y económico de Portugal, ya que el rey Miguel I fue el único mandatario internacional que reconoció a Carlos María Isidro como rey; de Cerdaña, de Nápoles y Sicilia, del Vaticano, de Austria y de Prusia. Por su parte, María Cristina no conseguiría apoyo internacional claro hasta 1834 y 1835 con la firma de la paz con Portugal, la firma de una alianza entre la misma Portugal, Francia y Gran Bretaña y la muerte de Zumalacárregui.
Entre 1833 y 1835, las fuerzas del pretendiente Carlos cosecharon grandes victorias militares ante las fuerzas isabelinas. El general Zumalacárregui se hizo con el control de todo el norte peninsular, exceptuando plazas fuertes como la de Pamplona o Bilbao. Todo parecía tan de cara que, Carlos María Isidro regresó de su “exilio” en Inglaterra para instalarse en Navarra. Cataluña también se acabó conquistando por parte de los carlistas. Por desgracia para Carlos V, el 27 de mayo de 1834, Portugal y España firmaban la paz de Évora-Monte y, el 25 de abril del mismo año, España firmaba la alianza con la propia Portugal, con Gran Bretaña y con Francia para recibir ayuda militar para darle la vuelta a la situación. Finalmente, en junio de 1835, durante el asedio carlista de Bilbao, el general Zumalacárregui moría en combate.
Esta serie de acontecimientos significarían un duro golpe para las fuerzas del pretendiente Carlos ya que perdían al mejor estratega que tendrían en toda la guerra, perderían el apoyo internacional y empezarían una serie de disputas internas.
Cambio de tornas
Entre 1835 y 1838, los carlistas llevaron a cabo una serie de incursiones hacia Castilla la Vieja y Castilla la Nueva, Valencia, Andalucía y Extremadura sin mucho éxito debido, sobre todo, al general isabelino Baldomero Espartero, el cual cogió el mando militar del ejército de la reina tras la sublevación de los sargentos en agosto de 1836 que obligó a la regente a reponer la Constitución de 1812 que su esposo Fernando VII abolió y a nombrar un nuevo gobierno progresista. Espartero consiguió renombre gracias a la victoria en la batalla de Luchana y la liberación de Bilbao del asedio carlista. Por su parte, el mando militar carlista fue ocupado tras la muerte de Zumalacárregui por el general Vicente González Moreno conocido como el “Verdugo de Málaga”, primero, por el infante Sebastián Gabriel de Borbón y Braganza, familiar de Carlos V, después; y luego por el general Rafael Maroto y finalmente por el propio Carlos María Isidro. Vicente González Moreno fue un general que no tenia las dotes de liderazgo que tenia Zumalacárregui y por eso fue relevado por el infante Sebastián. Por su parte, lo más destacado que hizo el infante fue dirigir una expedición hacia Madrid junto a Carlos en mayo de 1837 para casar al hijo del pretendiente Carlos, Carlos Luís, con Isabel, pero esta expedición fracasó. Finalmente, el general Maroto duró poco en el cargo como alto mando militar por su estrategia de contención visto cómo iba la guerra.
El cambio constante de altos mandos del bando carlista responde a la lucha interna que existía entre dos facciones: los transaccionistas, de carácter moderado y que querían acordar el fin de la contienda, y los “descamisados”, el sector más extremista del movimiento tradicionalista que se negaba a rendirse.
Maroto fue destituido como jefe militar ya que era un claro transaccionista que, vista la desmoralización de las tropas y la falta de ayuda económica y material que tenían, quiso llegar a la paz con los isabelinos. Una vez echado del mando militar, el general Maroto, a espaldas de Carlos V, se entrevistó con el general espartero para firmar la paz; una paz que fue escenificada con el conocido abrazo de Vergara; ya que fue en esta población vasca donde se firmó una paz en la que los carlistas reconocían a Isabel II como reina legítima de España y, a cambio, la reina reconocía y respetaba los fueros del País Vasco y de Navarra, entre otras pocas demandas del bando perdedor.
Carlos María Isidro no aceptó el convenio de Vergara, se fue hacia la población francesa de Bourges dos semanas después de la paz y, hasta 1845, Carlos María Isidro siguió intentando conseguir el trono. Finalmente, abdicó sus derechos a la Corona en favor de su hijo Carlos Luis. El eterno pretendiente Carlos murió en la italiana Trieste en 1855.
Mientras que, en Galicia, Asturias, Extremadura y Castilla la Nueva, la paz se hizo de inmediato; en Cataluña, el general Cabrera continuó la guerra en 1840. Espartero se dirigió a tierras catalanas conquistando Morella, el cuartel general de Cabrera des de 1838, y otras plazas fuertes como Berga. Finalmente, el general carlista cruzó la frontera hacia Francia.
Así acabó la guerra civil española menos conocida.

Carlos Llanas