EL MEDITERRANEO ROMANO: EL MARE NOSTRUM

El Mediterráneo romano: El Mare Nostrum
Al ser un mar interior con una climatología bien definida, el Mediterráneo ha estado siempre un territorio clave para las civilizaciones que han estado a su alrededor desde hace siglos como lugar de intercambios comerciales hasta como campo de batalla. Eso hace que el dominio de este haya sido disputado por los grandes imperios de la zona, pero solo un imperio pudo llegar a denominar el Mediterráneo como “nuestro mar” y ese imperio fue Roma. Hoy daremos unas pinceladas de cómo y porque los romanos acabaron llamando al Mediterráneo Mare Nostrum.
¿Cómo llegó a ser “su” mar?
Al principio, Roma jamás estuvo interesada en dominar el Mediterráneo. El mar nunca fue una prioridad i siempre intentaron dominar tierra. Antes de que los romanos se fijaran en él, el mar estaba dominado por el gran rival de Roma: Cartago. Los cartagineses, herederos de los Fenicios, la primera civilización que exploró el sur del mar, crearon un imperio que se extendió por la costa norte del continente africano, el sur de la península Ibérica y, lo más importante, las islas Baleares, las islas de Córcega y Cerdeña, y una parte de Sicilia. Con el tiempo, el carácter expansionista romano hizo que estas dos potencias se vieran las caras en Sicilia se iniciara la primera guerra púnica que duró 23 años. Entre el 264 a.C y el 241 a.C, Roma pasó de no tener interés en el mar a tener una flota de más de 100 embarcaciones y una serie de puertos potentes y bien preparados como el puerto de Òstia. Tras esta contienda, Roma se convertía en la potencia naval del Mediterráneo. Las pugnas por ser el imperio más grande llevaron a Roma y Cartago a dos guerras más hasta el 146 a.C, año en que Roma derrotó definitivamente a los cartagineses e impuso su dominio. Se podría decir que fue aquí cuando el Mediterráneo pasó a ser el Mare Nostrum, “nuestro mar”.
Navegando en el Mare Nostrum: Mare clausum et mare apertum
El mar Mediterráneo, a diferencia de los océanos Atlántico e Índico, era un mar del que se podía conocer con bastante exactitud sus limites y forma porque el tipo de navegación que se practicó hasta bien entrada la época medieval fue la de cabotaje o la de navegar siguiendo la costa mientras que los océanos, por sus dimensiones, no permitían ese tipo de navegación y fomentaban las leyendas y mitos sobre monstruos y criaturas marinas. A demás, del Mediterráneo se podía conocer también su comportamiento climático, a diferencia de los océanos que eran más impredecibles climáticamente. Por todo esto, los romanos pudieron ejercer una autoridad y dominio sobre el mar Mediterráneo que lo convertía, de facto, en el Mare Nostrum.
De esta manera, el Imperio Romano pudo gestionar el mar regularizando la navegación que, mayoritariamente, era de carácter comercial ya que el barco era el medio de transporte más rápido y seguro para el comercio. Tal es así que, los romanos dividieron el año en dos periodos para el control del mar. A la temporada correspondiente a los meses de primavera y verano, cuando el tiempo era más agradable y facilitaba la navegación, los romanos la llamaron mare apertum o mar abierto mientras que, en la temporada de los meses de otoño e invierno, época del año con un clima más inestable, los romanos la llamaron mare clausum o mar cerrado. Estas definiciones no eran normativas como tal, sino que eran más como recomendaciones. A día de hoy, las expresiones de mare clausum y de mare apertum son expresiones que se usan en el derecho internacional y que, esta vez, sí que tienen carácter normativo y de obligado cumplimiento.
En definitiva, Roma fiscalizó el Mediterráneo como gran imperio que fue y acuñó una serie de expresiones que, todavía hoy, se utilizan en el derecho internacional.

Carlos Llanas

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