Opinión

¿Competir o cooperar? El desafío de “las derechas”

 

Si algo determina la posibilidad de éxito en política es la capacidad de aunar esfuerzos y sumar apoyos. Para nadie es un secreto (puede que para los desconocedores del plural mundo de las derechas), que las tres grandes familias políticas que de forma general componen eso que denominamos derecha, viven constantemente una lucha sin cuartel.

Una guerra sin final a la parecemos condenados quienes simpatizamos o nos alineamos con alguna corriente. No quiero incluir a las especies heterodoxas del liberalismo, más socialdemocracia civilizada que otra cosa. Hablo de las corrientes claramente discernibles de estas tres familias. Cada una de ellas contiene su propio corpus de ideas, pero una espina dorsal a la que no puede renunciar.

El problema es que nos vemos incapaces de combinar esfuerzos allí donde se pueda. La cooperación no puede ser vista como una situación de sometimiento, sino de trabajo constructivo. Partiendo de una idea sencilla, pero de difícil asimilación: no podemos estar de acuerdo en todo. Solo así podemos avanzar a una segunda idea, quizá más esencial: pero hay puntos en los que sí.

Con el pasar de los años, todas aquellas familias políticas que se encuentren fuera de las corrientes hegemónicas de la izquierda serán totalmente marginadas. Llegará el día en que ser liberal, libertario, o conservador sea una etiqueta despectiva, para atizar el odio y la marginación. Ya lo estamos viviendo en algunos países. El debate muere, por la negación del otro a discutir. Pero también muere cuando en frente no ven a nadie con la fuerza suficiente para entablar un debate.

Existen una serie de obstáculos a salvar para poder configurar una relación constructiva, sin renunciar a las diferencias.

Pensar estratégicamente

Es común escuchar discursos y apelaciones a la estrategia, al pensamiento estratégico, o la planificación estratégica. La estrategia es como El Dorado, todo el mundo ha escuchado hablar de ella o la nombra, pero nadie sabe cómo alcanzarle. Ante todo, lo que debe entenderse del laberinto que genera este abuso del término. No podemos actuar/pensar estratégicamente si no sabemos qué es una estrategia.

Pues una estrategia no es más que un plan para hacer uso de las acciones para alcanzar un objetivo previamente definido. De esta manera, la estrategia es antitética al caos. Pueden existir estrategias para generar caos o para generar orden en un caos, pero lo que no puede haber es una estrategia caótica. Asimismo, la estrategia es enemiga de la improvisación. No se alcanzan los objetivos cambiando la ruta sin norte alguno.

Consecuentemente, toda estrategia implica contar con un set de elementos mínimos que le den forma y claridad. Por ello, en nuestra lista para generar una verdadera estrategia hemos de incluir los siguientes imprescindibles: a) debemos tener un conocimiento exhaustivo de la situación inicial, b) los actores implicados, c) unos escenarios bien definidos, d) los objetivos que se quieren lograr, e) las acciones a tomar, f) los recursos con los que contamos, g) así como una organización enfocada y bien aceitada.

Formación con acción política

La primera parte de esto se realiza de forma excepcional. Cuando hablamos de formación son pocos los déficits a los que se puede hacer referencia. Si bien la situación puede variar en cada país, no es menos cierto que son raras las ocasiones en los que no podemos identificar alguna fundación, centro de pensamiento, universidad, o partido en el que la formación de sus cuadros pase inadvertida.

Sin embargo, persisten algunas falencias que guardan relación con el punto anterior. Las derechas, contrario a lo que se suele opinar en público, no actúan estratégicamente. Podríamos decir incluso que en muchas ocasiones ni siquiera actúan. Es error común confundir la solución a un problema con actuar estratégicamente. Tal afirmación, más común de lo que se cree, es producto de un profundo desconocimiento sobre el tema.

Cuando Alejandro Magno llegó a la ciudad de Gordio se halló frente al famoso nudo que, según la leyenda, haría Conquistador de Oriente a quien lo deshiciese. Tal era la complicación del lazo que el rey macedónico optó por cortarlo. Alejandro no actuó estratégicamente, un chispazo de creatividad o inteligencia le permitió resolver el problema. Lamentablemente, hay personas que podrían confundir cortar el Nudo Gordiano con una estrategia, a ese nivel llega nuestra formación política.

No tenemos un problema de desconocimiento económico, a veces tenemos un problema de economicismo. Necesitamos formación histórica, política, incluso cultural. Nuestra oferta formativa no debe limitarse a los asuntos económicos y de actualidad política. La historia es la mejor maestra con la que se puede contar.

Manejar las diferencias, construir sobre las coincidencias

Pero ahora surge otro problema. ¿Qué hacer con el conocimiento? David Cameron llegó al poder tras una elección peculiar en la que ganó las elecciones, pero no tenía los escaños para gobernar. Necesitaría el apoyo de su antiguo rival, los Liberal Demócratas quienes tenían la tradición de obrar contra las posibilidades del Partido Conservador, y siempre optaban por favorecer gobiernos laboristas.

¿Qué hizo Cameron? Junto a George Osborne prepararon una seducción en toda línea, negociaron seriamente con los Liberal Demócratas, y levantaron la primera Coalición entre conservadores y liberaldemócratas. ¿Cómo lo hicieron? Trabajando sobre las coincidencias. Por ejemplo, prepararon un extenso documento sobre aquellos aspectos en los que ambas formaciones podían colaborar, basado en los programas de gobierno y las propuestas de ambos partidos. Hicieron verdaderamente Política.

¿Alguien puede decir realmente que no existen puntos en los que se pueda colaborar entre las tres familias políticas a las que hacemos referencia? ¿Acaso el ejemplo de la censura y lo políticamente correcto no ejemplifica perfectamente que hay aspectos sobre los que se puede cooperar? Esto no quiere decir que liberales, libertarios y conservadores sean o tengan que ser lo mismo. Allí donde posturas conservadoras sobre la libertad de expresión entren en conflicto con la visión liberal-libertaria de la misma difícilmente habrá acuerdo. Pero ante la censura actual es evidente que la cooperación se hace imprescindible.

Otro tanto puede decirse sobre la propiedad privada. Por supuesto que existen aspectos en los que la influencia de intelectuales liberales (y la realidad) fue transformando el conservadurismo económico. Un poco más allá, la alta valoración de los conservadores hacia la comunidad es algo que puede ser asimilado desde el liberal-libertarismo siempre que no se haga en clave coercitiva. En definitiva, es prioridad hacer un esfuerzo por alcanzar mínimos comunes.

Entender el contexto

Se trata de uno de los obstáculos más difíciles de superar. Estas tres familias políticas han sido incapaces de comprender plenamente los tiempos que vivimos. Algunos pueden discernir los terribles retrocesos que se están dando en temas de libertades individuales. Muchos logran comprender la grave pérdida de la libertad de expresión. Prácticamente todos se escandalizan de la gravísima crisis en la que hemos entrado. Pero ninguno ha sido capaz de generar una interpretación general sobre los problemas que afrontamos.

Nos ha bastado con observar algunas reacciones ciudadanas que pueden gustarnos más o menos. Pero esto queda corto si no existe una capacidad de interpretar adecuadamente los tiempos que vivimos. Admirar la orquídea en el árbol nos hace perder de vista el incendio que va devorando el bosque.

La actitud contemplativa es claramente ineficaz para producir los cambios deseados. Al centrarnos en tareas importantes como la formación, creímos en el éxito seguro. Lo que se omitió es que el sector educativo está en manos de las izquierdas. Algo similar ocurre con los medios de comunicación. Las derechas van por la escalera, mientras que la izquierda utiliza el ascensor.

Hoy se habla de Gran Reinicio, de controlar el movimiento de las personas, de registrar cada opinión, de censurar la disidencia, de exprimir al sector productivo, de narcotizar con rentas universales, y más. Pero también vemos cómo parte del sector productivo se casa con el obrar del estado por interés o convicción, el resultado es el mismo: mercantilismo. Pero no en su forma clásica, sino una hiper tecnificada y mucho más recursiva que antes.

Además, los insumisos de antaño son los nuevos corderos. El control gubernamental es bien recibido, y el domino de otros sobre nuestras vidas (salvo en pocos temas) parece una bendición. Vamos gustosamente a la sociedad de la corrección política en la que nadie piensa, no vaya a ser que por cavilar demasiado nos dé por pensar lo que no está permitido.

Conclusión

Si bien nuestras luchas intestinas ayudan al esclarecimiento de ideas, muchas veces son más devastadoras que las que suelen darse con nuestros rivales políticos. Por ello, la cooperación se hace imprescindible. He utilizado el término inevitable puesto que el contexto impone la dicotomía de la cooperación o el desierto electoral. Si no innovamos en formas efectivas de cooperación, la alternativa que nos queda es ir de derrota en derrota por mucho tiempo.

¿Quién podría negar la posibilidad de que la defensa de la libertad se convierta en algo del pasado? No es difícil imaginar que el mundo en manos de sus enemigos deje de valorar la libertad y generaciones enteras crezcan ignorando o menospreciando su importancia. Son tiempos aciagos en los que priorizar nuestras diferencias no nos traerá nada positivo.

Eduardo Castillo

Sociólogo. Máster en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política

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