DOS LEYES QUE NO LO PARECEN: LEY DE FUGAS Y LEY DE VAGOS Y MALEANTES

DOS LEYES QUE NO LO PARECEN: LEY DE FUGAS Y LEY DE VAGOS Y MALEANTES

La Historia nos enseña a no juzgar con nuestra mirada actual comportamientos o pensamientos del pasado. A lo largo de la historia de España ha habido leyes que ahora nos parecerían imposibles de aplicarse en nuestro país, pero que, debido a la mentalidad de aquella época, eran de lo más normales o eran aceptadas sin mucho reparo. Hoy vengo a hablaros de dos de esas leyes: la Ley de Fugas y la Ley de vagos y maleantes.

Una ley que justifica ejecuciones

Mucho se habla del derecho a un juicio justo y a que uno es culpable hasta que se demuestre lo contrario, pero en nuestro país no era así hasta hace 70 años con la aplicación de la llamada Ley de fugas.

Esta ley se venía aplicando desde el siglo XIX para ajusticiar a los delincuentes, en aquel momento los bandoleros. Esta ley venía a amparar un tipo de ejecución extrajudicial en la que el guardia tenía derecho a disparar por la espalda al detenido que intentara fugarse.

El caso es que, en muchas ocasiones, estos “intentos de fuga” no eran reales. La estrategia era sencilla: mientras llevaba al detenido a prisión o hacia algún otro sitio, el guardia se retrasaba en el camino para quedarse atrás del detenido hasta una distancia en la que el policía considerase que el malhechor “se estaba fugando” y, entonces le disparaba.

Otra posibilidad, más descarada, era la de sentenciar a muerte al detenido, llevarlo al lugar de la ejecución, soltarle las manos y darle la oportunidad de huir: si el pelotón de fusilamiento no le daba, esa persona era libre; si le daba, caía al suelo y, para rematarlo, le daban un tiro de gracia en la nuca.

Como he dicho, esta práctica estaba tan “aceptada” que se siguió aplicando hasta en el siglo XX. Durante la Restauración borbónica (1874-1931), en este país se vivieron momentos de mucha tensión social como fue el fenómeno del Pistolerismo. Durante esa época, el movimiento sindical obrero y la patronal se vieron envueltos en una guerra sucia en la que cada bando contrató sicarios para que asesinaran a los jefes del otro bando.

Este movimiento fue especialmente intenso en Cataluña. Gracias (o por desgracia) a esta ley, las autoridades pudieron regular esta guerra sucia entre obreros anarcosindicalistas y patronal. Durante la Guerra Civil (1936-1939), este procedimiento se usó como método de ejecución en ambos bandos y se pasó a llamar “dar el paseo”, ya que se dejaba “paseara” al preso antes de dispararle.

Finalmente, durante de la dictadura franquista, este método se usó hasta, prácticamente, los años 50 para acabar con la oposición que quedaba en el país hasta que el régimen fue internacionalmente reconocido.

La ley para la “paz social”

Con la llegada de la II República, España experimentó varias reformas. Entre ellas, una reforma del Código Penal y una de las nuevas leyes que se llevaron a cabo fue la Ley de Vagos y Maleantes. Esta ley fue aprobada durante el Bienio reformista. Esta ley iba destinada a la seguridad pública y pretendía “prevenir” los delitos de las personas consideradas antisociales o de mala calaña como podían ser vagabundos, proxenetas, alcohólicos o enfermos mentales.

¿Por qué sería una ley que ahora nunca se aplicaría? Muy sencillo: se juzgaba a las personas solo por su aspecto o por su estilo de vida porque se consideraba que ese aspecto o su comportamiento, a la larga, lo llevarían a cometer algún delito. Esta ley fijaba una serie de medidas de castigo hacia esas personas que buscaban, a ojos de las autoridades, que esa persona se reformara para dejar de ser un peligro para la sociedad.

Esas medidas iban desde un simple alejamiento a un internamiento en campos llamados “de concentración”. Con esta ley se buscaba una uniformizar a la sociedad española de la época apartando de la sociedad a la gente sin recursos o marginados sociales.

Tras su victoria en la Guerra Civil, Francisco Franco no solo mantuvo esta ley del régimen anterior, sino que la endureció más si cabe. En 1954, la Ley de Vagos y Maleantes fue modificada para incluir a la lista de personas rechazadas o consideradas peligrosas a los homosexuales. La modificación de la ley expresaba la voluntad de perseguir al colectivo y decretaba su internamiento en campos de trabajo o en la cárcel.

Como podemos ver, en el pasado (no tan pasado), han existido leyes que, con lo que sabemos y de la manera de pensar que tenemos ahora, jamás aplicaríamos. La idea de este artículo es recordar que no podemos juzgar con nuestras ideas, hechos pasados de una sociedad que tenía otras ideas diferentes a las nuestras. Nuestro deber es aprender de esas ideas para decidir si vale la pena mantenerlas o hay que cambiarlas.

 

Carlos Llanas