JUZGANDO A LOS MUERTOS LITERALMENTE: EL SIDONIO CADAVÉRICO DEL 897

Los historiadores defendemos la idea que no hay que juzgar a los muertos por lo que hicieron, pero todos sabemos que el ser humano, por su naturaleza, lo acaba haciendo. Por otro lado, lo de juzgar a los muertos es algo figurado, pero a finales del siglo IX se hizo literalmente cuando se juzgó el cadáver del papa Formoso por unos delitos que se le inculparon como resultado de una venganza por una lucha de poder. Hoy hablamos del llamado Concilio Cadavérico.

Luchas por el poder

Durante la segunda mitad del siglo IX, en Europa se vivía una gran inestabilidad política con una serie de luchas por el poder entre los gobernantes que querían coronarse como emperadores. Muchos reclamaban ser los herederos políticos de Carlomagno por ser familia de manera directa o indirecta del gran conquistador y una pieza clave para ser reconocidos como tal era que el papa les coronara como emperador ya que era la máxima autoridad religiosa de la época. En la época en la que el trono de San Pedro lo ocupaba el papa Esteban V, la corona imperial estaba en disputa entre Guido de Espoleto y Arnolfo de Carintina. Guido de Espoleto era nieto del hijo mayor de Carlomagno y Arnolfo era hijo natural de Carlomagno. El duque de Espoleto no tenía el favor del papa que pidió a Arnolfo que fuera a Italia para expulsar a Guido, pero este no pudo por unos problemas de salud y Guido aprovechó la ocasión para exigirle al santo padre que lo nombrara a él emperador y a su hijo Lamberto rey de Italia. Para evitar más disputas, Esteban V acató.

En el 891, Esteban V murió y se eligió su sustituto al obispo de Porto, una población portuaria situada en la desembocadura del Tíber. Este hombre fue Formoso, un clérigo mayor considerado recto, austero, puro y un poco ambicioso. Pero su elección conllevaba el traslado de sede, cosa que iba en contra del Derecho Canónigo y algo que le traería problemas en un futuro. En el 892, tras un año de pontificado, Formoso tuvo el primer gran encontronazo con el emperador Guido. El emperador presionó al papa para que nombrara a su hijo Lamberto sucesor a la corona imperial. De esta manera, el Espoleto llevó a Formoso a la residencia imperial de Ravena para hacerlo. Hay que decir que los Espoleto estaban vistos, ya en la época de Esteban V, como unos “malos cristianos” porque no paraban de vejar a la Iglesia. Desesperado, el santo padre recurrió de nuevo a Arnolfo de Carintina que esta vez sí pudo atravesar los Alpes y expulsar a los Espoleto del poder entre el año 893 y el 895. Guido murió en el 894 sin saber lo que sucedería todavía con el trono imperial. Como señal de gratitud y de triunfo, Formoso lo coronó como emperador en el 896, pero este reinado no le duró mucho ya que cayó enfermo, de nuevo, para tener que irse de Italia y esto fue aprovechado, de nuevo, por los Espoleto; esta vez por Lamberto, el hijo de Guido, y de Ageltruda, la viuda de Guido. Entonces, el día de Pascua del 896, el papa Formoso murió “de manera violenta” y es enterrado en San Pedro. Tras la muerte de este papa, de manera espontánea se alza en el papado Bonifacio VI. Su pontificado duró sólo 15 días por un ataque de gota y es sustituido por el obispo de Anagni, una población del centro de la península Itálica, que fue nombrado Esteban VI.

Empieza el juicio bizarro

El flamante papa recibió el apoyo de Lamberto y Ageltruda que, ansiosos de venganza hacia Formosos, urdieron un plan que pasaría a la historia: un juicio damnatio memoriae. La damnatio memoriae era un procedimiento judicial que tenía sus orígenes en el Imperio romano. El primero en ser juzgado de esta manera fue el emperador Nerón. Básicamente consistía en eliminar a la persona y todo lo que hubiera hecho en vida. Se buscaba borrar literalmente de la Historia al condenado.

De esta manera, tras nueve meses desde su fallecimiento, un grupo de seguidores de los Espoleto entraron en el Vaticano, profanaron la tumba de Formosos y se llevaron el cadáver medio momificado de Formoso a la Basílica Constantiniana para juzgarlo por sus actos en vida. El cuerpo de Formoso fue vestido con las ropas papales y sentado en un trono en el que fue atado para que el cuerpo no cayera durante el proceso y se le ofreció un diácono como abogado defensor para dar veracidad al juicio. El pobre abogado solo pudo asentir y aceptar las acusaciones de Esteban VI contra Formoso: haber aceptado ser elegido obispo de Roma (título oficial del papa en aquella época) mientras ya era obispo de Porto y, además, cambiar su sede episcopal de Porto por la sede de Roma.  La sentencia fue clara: declarar a Formosos como un papa ilegítimo, destruir todos los textos dictados por él y revocar todos sus decretos. Además, la momia del ex papa fue desvestida y despojada de sus joyas y otros símbolos de autoridad como pontífice, le cortaron los tres dedos con los que había repartido bendiciones y lanzaron el cuerpo en una fosa de la que fue rápidamente sacado para acabar siendo arrojado al río Tíber. El pueblo, que estaba a favor de Formoso, en cuanto supo lo del juicio, asaltaron el Vaticano, cogieron a Esteban VI, lo desnudaron y lo arrojaron a una prisión subterránea donde se le echaron encima unos frailes que lo estrangularon hasta la muerte. El pueblo romano llevó al papado al cardenal de San Pedro in Vincoli, Romano. Este papa que duró cuatro meses inició el proceso de anulación de todas las decisiones tomadas por Esteban VI. El papa Romano murió en extrañas circunstancias en noviembre de ese año 897 y fue sustituido por Teodoro II que revocó las decisiones del Concilio cadavérico. De esta manera, el papa Teodoro II, el cual murió a las tres semanas de ser nombrado Santo Padre, restituye los derechos de Formoso y toda su obra papal. Finalmente, el cuerpo de Formoso pudo descansar en paz tras, según cuenta la leyenda, fue encontrado por un ermitaño en una de las orillas del Tíber.

Suele decirse que la realidad supera a la ficción y, tras ver todo lo que sucedió en el Concilio cadavérico, podemos afirmar que sí, la realidad supera siempre a la ficción.

 

Carlos Llanas