Saúl Craviotto y Mireia Belmonte, los abanderados españoles en los Juegos Olímpicos de Tokio

Saúl Craviotto y Mireia Belmonte serán los abanderados españoles en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio, que se celebran del 23 de julio al 8 de agosto. Por primera vez en la historia, España contará con una doble representación en este acto, un hombre y una mujer.

Saúl Craviotto tiene 36 años y un hambre infinita que le empuja en la piragua desde que se subió a ella cuando era un juvenil de 17 años.

Su técnico, Miguel García, lo describe así: “Cuando era junior era un trasto, ha ido evolucionando.

Saúl se transforma a la hora de competir. Es de esos deportistas que, aparte de los destellos y la calidad física y mental, son capaces de estar donde tienen que estar y rendir en el momento justo del día d a la hora h. Eso es lo que lo distingue de los demás; también la capacidad de reponerse de los golpes”.

García es la persona que mejor lo conoce y que más años lleva a su lado, apuntando sus datos de rendimiento en decenas de libretas. El piragüista suma cuatro medallas olímpicas, dos de oro (además de una de plata y una de bronce), y buscará en Tokio alcanzar a David Cal como deportista con más metales olímpicos (cinco).

Mireia Belmonte, que igual que Craviotto debutó en unos Juegos en Pekín 2008, tiene ahora 30 años. Una edad en la que en su deporte la mayoría ya ha abandonado.

Belmonte ha llevado la natación española a lo más alto: ninguna mujer en España había sido campeona olímpica. Lo consiguió en Río 2016 cuando ganó los 200 mariposa (el único otro oro es de Martín López-Zubero en Barcelona 92). Al igual que Craviotto, suma cuatro medallas olímpicas; una de oro (además de dos de plata y una de bronce).

Los dos han sido nombrados este miércoles por la Junta de Federaciones Olímpicas para ser abanderados en la ceremonia de inauguración de los Juegos el próximo 23 de julio en Tokio.

Por primera vez dos deportistas ―un hombre y una mujer― portarán juntos la bandera en el desfile. El cambio de norma fue promocionado por el Comité Olímpico Internacional (COI) en marzo del año pasado, justo antes de que la pandemia obligara a aplazar los Juegos de un año. El presidente del COI, Thomas Bach, animó a todos los comités olímpicos nacionales a apostar por la opción de llevar dos abanderados, un hombre y una mujer, como señal de igualdad.

Craviotto ha reaccionado así tras conocerse la noticia: “No hay palabras para definir esto, creo que no sois conscientes de lo feliz que me habéis hecho hoy. Para un deportista como yo lo máximo es ir a unos Juegos y sacar medalla, y la cima ya es llevar la bandera. Estoy encantado de representar la imagen de igualdad con Mireia. Yo no me voy a conformar, vamos a intentar ir a Tokio a por otra medalla. De momento hoy he recibido lo máximo, gracias de corazón. He intentado pensar cosas, preparar algo escrito, pero nada, me sale solo hablar desde el corazón”. Belmonte ha afirmado: “Es un honor para mí, era un sueño por cumplir. Este año es un año de adaptarse a lo que hay, no solo en el deporte sino en la sociedad en general [por la pandemia]. Será diferente, sí, pero hay que disfrutar de lo que hay”.

A diferencia del piragüista, que llega a Tokio en plenitud física, Belmonte de momento se ha clasificado solo para dos pruebas (800 y 1.500), y está en la última parte de su carrera. Apenas se ha podido entrenar en los últimos meses debido a una tendinitis en los hombros que le impide seguir el ritmo de sus compañeros. Se ha perdido varias concentraciones del equipo en altitud y otras tantas competiciones nacionales. A principios de marzo declaró que espera poder sacar su mejor versión en los Juegos y que cree que podrá hacer marcas competitivas. Este domingo nadó en Manresa los 800 metros en 8m 44s (las mejores marcas mundiales del año son los 8m 13,64s de Katie Ledecky; los 8m 23,13s de Ariarne Titmus y los 8m 23,77s de Simona Quadarella). Tras valorarlo con su entrenador y director del equipo español, Fred Vergnoux, la nadadora badalonesa ha renunciado este miércoles a competir en los Europeos que se celebran en Budapest. “Estoy mucho mejor del hombro, pero no quería arriesgarme a dar pasos atrás. Todavía no me sentía lista para competir al máximo nivel”, ha explicado.

Era un secreto a voces que Craviotto y Belmonte serían los elegidos. Son los deportistas españoles con más medallas olímpicas. García, técnico del K4-500, el barco capitaneado por Craviotto que buscará derrotar a Alemania y hacerse con el oro, opina: “El hecho de que Saúl sea el abanderado es un salto para nuestro deporte. Es como lo que pasaba con España en los Mundiales de fútbol, eran buenos, pero faltaba ese reconocimiento”,

La última medalla española en un K4 se consiguió en Montreal 1976, y fue la plata en los 1.000 metros de los pioneros de este deporte: Herminio Menéndez, Luis Misioné, José Ramón Díaz Flor y Chema Celorrio. Craviotto podría además doblar en Tokio y remar también el K1-200. Su técnico asegura que estos no serán sus últimos Juegos y que llegará a París 2024. En la capital francesa Saúl tendría 39 años, 22 de ellos en la élite. El capitán más longevo. Sus compañeros Carlos Árevalo, Marcus Cooper y Rodrigo Germade lo describen así: “Es cortés, firme, bizarro, constante, paciente y humilde. Muy equilibrado en su rendimiento y forma de ser. Responsable, centrado, sabedor de su valía e inspirador para los demás. Transmite buen rollo a todos lo que le rodean”.

El bromista del grupo

Craviotto es el bromista del grupo, y eso es el mejor indicador de su estado de ánimo. García recuerda: “Desde su época de junior era un cabroncete, antes mucho más que ahora. ¡Es un cabrón! Y además se le nota, cuanto más cabrón es, es que más descansado está. A medida que va jodido, va apagándose y no tiene tanta retranca”. El entrenador cuenta que un día se despertó en el avión de Madrid a Asturias por los golpes del deportista: “¡Despierta que nos desvían para Barcelona!”. Y era broma.

El técnico afirma que en 2008, cuando el oro en el K2-500 junto a Carlos Pérez Perucho, no se imaginaban que Craviotto llegaría hasta aquí. “La gente piensa que una vez que estás allí sacas la primera medalla y luego vienen todas rodadas, seguidas y está chupado para cualquiera. ¡No es así! Realmente tenemos muchos éxitos, pero batacazos gordos también. Los golpes que nos fue dando la vida son golpes de realidad. Es tan difícil afinar todo que a veces sin saber por qué, fallas. Por eso saboreamos mucho cada medalla”, argumenta.

Los batacazos más gordos fueron en los años preolímpicos: en los Mundiales de 2011 y 2015, en los que no se sacó medalla, pues ni siquiera se llegó a la final. En todos los ciclos olímpicos, Craviotto ha tenido que jugarse el pase a todo o nada en un preolímpico. El desgaste mental fue tal que pocos meses antes de Río dijo que lo dejaría en 2016, que solo la idea de volver a sufrir ese desgaste le daba náuseas. Pero como es una máquina de competir, aquí está de nuevo.

Y este, que paradójicamente iba a ser el ciclo más llevadero porque consiguió la plaza en el Mundial de 2019, ha sido el peor, según su técnico. García, a pocas horas de despegar hacía Szeged, Hungría, donde este fin de semana disputarán la Copa del Mundo, cuenta: “Tuvimos la sensación de que no teníamos el apoyo de nuestra casa. Nunca sentimos que estábamos arropados por nuestra federación”.

El cambio con Vergnoux

Las medallas de Belmonte son también fruto de horas y horas de trabajo y sacrificio. No se adivina en la cantera española nadie que pueda seguir su estela. El salto de calidad lo dio cuando se puso a las órdenes de Fred Vergnoux y de sus métodos de trabajo innovadores. De Belmonte decía Vergnoux en 2017 que era como Benjamin Button, que cada año la veía más joven y con capacidad de nadar más rápido. Hasta el frenazo de este ciclo olímpico, por el problema en los hombros y por unas migrañas que le provocaban tales mareos que la obligaron a parar en verano de 2018.

Seria desde fuera y mucho más suelta en las distancias cortas, Belmonte, según apuntaba Jimena Pérez en 2020 en una concentración en Sudáfrica, es descrita por sus compañeros de entrenamiento ―el llamado grupo de la muerte― como una deportista “muy centrada, ambiciosa, meticulosa en todos los detalles, también en los del entrenamiento invisible y con las cosas y los objetivos muy claros”.

Sus compañeros son testigos de la mejora que tuvo cuando se cruzó con Vergnoux. Alberto Martínez, otro de sus compañeros y clasificado para Tokio en natación de aguas abiertas, dice: “Los dos tuvieron claro desde el principio lo que querían y Mireia a partir de ahí ha sabido priorizar”.