LOS TRIUNVIRATOS DE LA HISTORIA DE ROMA (I): JULIO CESAR, POMPEYO MAGNO Y LICINIO CRASO

LOS TRIUNVIRATOS DE LA HISTORIA DE ROMA (I): JULIO CESAR, POMPEYO MAGNO Y LICINIO CRASO

En el siglo I a.C, la Roma republicana empezaba a dar síntomas de agotamiento ante las ambiciones personales y ansias de poder de sus políticos que, en menos de treinta años convertirían una república con su Senado como fuente de poder a un imperio con un emperador como fuente de poder.

Y este paso de república a imperio se denota claramente entre los años 50 y 30 a.C con un sistema de poder paralelo al del Senado que controlaría la vida de los romanos y que solo estaría formado por tres personas: El Triunvirato. Durante ese periodo de veinte años, en la historia de Roma se formaron dos triunviratos de los que hablaremos en este artículo y en el siguiente. Hoy hablaremos del primer Triunvirato formado por Pompeyo Magno, Licino Craso y Julio César; los antecedentes de este “gobierno paralelo”, de su creación y de su fin.

Solucionar un sistema que colapsa

En el año 87 a.C, para responder a los ataques del rey de Pontos Mitrídates VI en los territorios de Asia, el Senado eligió a Sila, líder de la facción del Senado de los optimates, como general de los ejércitos de Roma. Una vez que Sila abandonó Roma en dirección a Asia, Cayo Mario, líder de la facción del Senado de los populares que no estaba de acuerdo con la elección, utilizó toda una serie de tretas políticas para forzar un plebiscito para elegir un nuevo general para los ejércitos de Roma en Asia. Mario se presentó y ganó.

Tras conocer la elección de Cayo Mario, Sila se presentó en Roma con su ejército y ocupó la ciudad sin resistencia mientras que Cayo Mario y Sulpicio Rufo, el tribuno de la plebs que ayudó a Mario en las tretas, huían de la ciudad. Sila no estaba dispuesto a dejar vivos a los traidores y persiguió a los fugitivos.

A Rufo lo atraparon y ejecutaron; Mario tuvo más suerte y pudo escapar para refugiarse en una isla cerca de África. Para asegurar que no volviera a pasar algo parecido, Sila encabezó una serie de leyes que daban más poder al Senado que declaró a Cayo Mario y a otros populares enemigos de la República. Tras esto, en el mismo 87 a.C, se eligieron dos nuevos cónsules: Lucio Cornelio Cinna y Cneo Octavio, los dos del sector de los populares.

Por ser de la facción que era, Sila les hizo jurar que, mientras él estuviera en Asia, no harían nada contra él o contra la República y así lo prometieron.

Pero las promesas se las lleva el viento. Durante la ausencia de Sila, Cinna promulgó leyes como la amnistía a los exiliados populares que el Senado había reconocido como enemigos de la República.

Por su parte, Cneo Octavio, el otro cónsul, convenció al Senado para desposeer de su cargo y de expulsar de la ciudad a Cinna.Cinna, como respuesta, preparó un ejército con las tribus italianas que le era fieles y se puso en contacto con Cayo Mario, que regresó del exilio y también reunió un contingente de hombres.

Los dos ejércitos marcharon hacia Roma y la ocuparon. Como venganza, Mario y Cinna iniciarían una persecución contra todos sus enemigos acabando con la vida de gente como Octavio y se nombró a Sila enemigo del Estado. Finalmente, Cinna y Cayo Mario se nombraron cónsules a principios del año 86 a.C, aunque Mario murió a las pocas semanas por su edad y fue sustituido por Lucio Valerio Flaco.

Hemos dicho que las ambiciones personales son lo que debilitaron la República romana. Pues Cinna es el ejemplo claro ya que nombró a Flaco comandante de los ejércitos de Roma para enfrentarse a los ejércitos del reino de Pontos y de Sila en Asia para quedarse el en Roma para ser el amo y señor. Durante los tres años de ausencia de Sila, Cinna sería el único de los dos cónsules que siempre seguiría, gobernando de manera dictatorial Roma.

Mientras tanto, en Asia, Sila y el príncipe Mitrídates firmaron en el año 85 a.C la Paz de Dárdano. Acabada la guerra con el reino de Pontos, Sila y su ejército se enfrentaron a las fuerzas dirigidas por Cayo Flavio Fimbria, que había asesinado a Valerio Flaco durante la campaña militar. Fimbria se suicidaría por la superioridad de Sila y por el amotinamiento de sus hombres. Mientras Sila regresaba a Roma victorioso, Cinna fue asesinado por sus soldados mientras este preparaba una ofensiva contra Sila en Grecia.

El Senado intentó firmar la paz con Sila, que se negó y, en Italia, se desarrollaría la primera guerra civil romana (83-82 a.C) que ganaron Sila y los suyos. Tras regresar a Roma, Sila dirigió una purga en Senado contra el sector de los populares y se nombró dictator y emprendió una serie de reformas para dar más poder al Senado. Este cargo lo ostentaría entre el año 81 y 79 a.C y, tras esos años, Sila renunció al cargo y devolvió los poderes al Senado para morir por la edad un año después.

Las purgas políticas llevadas a cabo por Cinna y Sila renovaron, en cierta manera, la clase política romana con hombres jóvenes y ambiciosos. Entre estos hombres tenemos a nuestros tres protagonistas.

 

Tres hombres para gobernar Roma

Cneo Pompeyo Magno, hijo de Cneo Pompeyo Estrabón, uno de los cónsules fieles a Sila durante la ocupación de Roma por parte de Cinna en el 87 a.C y que, durante el periodo dictatorial de Cinna, se vio obligado a dar un perfil bajo para sobrevivir.

Tras el regreso de Sila, Pompeyo se casó con la hijastra de este e hizo una gran carrera militar dirigiendo los ejércitos durante la persecución de los enemigos de Sila en Italia, Sicilia y África. Tras la muerte de Sila en el año 79 a.C, el Senado de Roma le encomendó a Pompeyo la tarea de pacificar las tierras de Hispania en la que tuvo muchos éxitos.

Ocho años después de muchos éxitos militares, Pompeyo seria elegido cónsul con Licino Craso, con el que tendría una fuerte rivalidad, ya que Pompeyo se ganó el respaldo del pueblo. Tras su consulado, la carrera política de Pompeyo siguió en ascenso al ser elegido procónsul en los años 69 y 68 a.C y, en el 67, ser elegido comandante de una flota con amplios poderes para luchar contra la piratería en el Mediterráneo.

En un corto periodo de tiempo, Pompeyo y su flota lograron acabar con los piratas en el Mediterráneo. Y tras este otro éxito, Pompeyo se encargó de conquistar y pacificar los territorios y provincias de Oriente entre los años 65 y 62 a.C.

Marco Licinio Craso sobrevivió, a diferencia de su padre y su hermano, a la purga de Cayo Mario y Cinna en el año 86 a.C huyendo a Hispania, territorio donde su familia tenía todavía influencia. Allí, reunió un ejército con los aliados de su familia y se unió a Sila en la guerra civil para vengar a su familia. Durante y tras el periodo dictatorial de Sila, Marco Licino Craso amasó una fortuna gracias a su habilidad para los negocios y creó una red clientelar a su servicio con las familias nobles más importantes de Roma.

Entre los años 73 y 71 a.C, el Senado le encomendó la tarea de acabar con la revuelta esclava liderada por Espartaco. A pesar de una mala gestión militar por su parte, Craso derrotó a los rebeldes y, ese año fue recompensado con el consulado junto a Pompeyo. Cinco años después, Craso fue elegido censor junto a Cátulo con el que tampoco acabó de llevarse bien. Un hecho relevante en la carrera política de Craso fue la de destapar la conjura de Catilina.

Cayo Julio César, sobrino de Cayo Mario, tuvo una carrera política meteórica. Con 16 años, el joven Julio César fue elegido sacerdote del templo de Júpiter durante la dictadura de Cinna y se salvó de la purga de Sila gracias al ruego de su familia materna y fue mandado al ejército en Asia. Tras la muerte de Sila, regresó a Roma e hizo carrera de abogado hasta su elección como pontífexen año 73 a.C.

Tres años después, la carrera política de César continuaría si ascenso siendo nombrado cuestor de la provincia de la Hispania Ulterior y como edil curul en Roma, encargándose de organizar grandes celebraciones que le valieron el respeto de la comunidad. En el año 63 a.C, César sería elegido pretor y pontifexmaximus para sustituir al anterior que acababa de morir. En el año 62 a.C, Julio César ostentaría el cargo de propretor en Hispania para luchar contra los lusitanos.

 

El nacimiento de una alianza

En el año 60 a.C, un héroe de guerra, el hombre más rico de Roma y un joven político se reunieron de manera privada para establecer una alianza política que les sirviera controlar la política romana para satisfacer sus ambiciones personales.

César necesitaba el dinero de Craso y la influencia de Pompeyo para el ascenso político que el Senado le negaba ser por sus orígenes familiares, Craso necesitaba a César de cónsul para que hiciera leyes que le beneficiaran en sus negocios y Pompeyo necesitaba a César de cónsul para que se le reconocieran sus logros militares y que el Senado les concediera a sus soldados licenciados las tierras que les había prometido.

Esta fue una alianza curiosa ya que era la unión de un miembro de los populares (César) con dos miembros de los optimates (Craso y Pompeyo) que tenían una fuerte rivalidad desde hacía años.

El Triunvirato se puso en marcha en el año 59 a.C con su primer éxito cuando Julio César se convirtió en cónsul, junto con el miembro de los optimates Marco CalpurnioBíbulo, con la ayuda tras bastidores de sus compañeros de trio. La alianza secreta de César, Craso y Pompeyo dejó de serlo cunado César presentó su Ley Agraria que se aprobó con el apoyo público de Pompeyo y Craso. Con esta ley, Pompeyo obtenía las tierras para repartirlas entre sus soldados veteranos y Craso conseguía ventajas fiscales. Tras este año de consulado, César se aseguró que sus sustitutos fueran hombres de su confianza y consiguió el proconsulado de las provincias de la Galia Transalpina, la Galia Cisalpina e Iliria, cogió a un ejército y se fue a las Galias para empezar la Guerra de las Galias (58-49 a.C). A César le interesaban estas provincias ya que la guerra con los galos era sinónimo de botín de guerra y, por lo tanto, de augmentar su fortuna y de fama.

Con César en las Galias, Craso y Pompeyo se quedaron en Roma y sin el pacificador, las rencillas entre estos dos resurgieron. Tanto Craso, que seguía con sus negocios en la capital, como Pompeyo, que dirigía el gobierno de Hispania desde Roma, se enzarzaron en una guerra fría a través de la rivalidad entre el tribuno de la plebs Clodio (hombre de confianza de Craso) y Milón (un agitador manejado por Pompeyo).

La rivalidad entre Clodio y Milón se fue violentando cada vez más entre el 59 y el 56 a.C.  Ante esta situación, César reunió a sus dos colegas de triunvirato en la población de Lucca donde firmaron una serie de acuerdos que resolvieran las disputas entre Pompeyo y Craso y que beneficiaran a César. Así pues, los tres acordaron que Craso y Pompeyo serian elegidos cónsules para el año siguiente y, por su parte, el Senado prorrogaría el proconsulado de César en las Galias 5 años más.

De esta manera, en el año 55 a.C, y a pesar de algunas reticencias de uno de los cónsules salientes, Pompeyo y Craso entraban como cónsules por segunda vez en su carrera y juntos y César seguía siendo procónsul de las Galias durante 5 años más. Esta vez los miembros del Triunvirato tenían poder.

Acabado el año de consulado, Craso y Pompeyo se atribuyeron poderes de procónsules. Pompeyo se quedó con Hispania y Craso se quedó Siria. Durante los dos siguientes años, Craso estuvo en su provincia saqueando ciudades y enfrentándose al Imperio parto. Sin experiencia en batalla, sin avisar al Senado y rechazando la ayuda del rey armenio Artavasdes II, Craso se fue a enfrentar directamente a los partos en la Batalla de Carras en el año 53 a.C. Craso falleció en la batalla y su ejercito fue derrotado. Con su muerte, el Triunvirato empezaba a desmoronarse.

Mientras Craso se encontraba en Siria y Julio César en la Galia, Pompeyo se quedó en Roma dirigiendo, a distancia, la provincia de Hispania. En el año 54 a.C, la relación de César y Pompeyo ya se estaba deteriorando con la muerte durante el parto de Júlia, esposa de Pompeyo e hija de César, y del hijo que el matrimonio esperaba y tras el rechazo de Pompeyo de casarse con Octavia, la sobrina-nieta de César.

Entonces fue cuando los optimates decidieron arreglar sus diferencias con Pompeyo y apostar por él como nuevo líder de Roma. Esta apuesta se reafirmó cuando, a principios del 52 a.C, el Senado nombró a Pompeyo cónsul sin colega tras el asesinato de Clodio a manos de Milón y el incendio del edificio del Senado con la pira funeraria de Clodio.

Ya con todo el poder de dictador sin serlo, Pompeyo presentó leyes que pretendían acabar con César una vez perdiera su poder. El Senado, al cabo de unos 3 años, exigió a César que volviera a Roma renunciando a su cargo y a sus legiones. César dijo que aceptaría si Pompeyo se retiraba. El general se negó y el Senado romano nombró a César enemigo público. Con esta sentencia, Julio César cogió a sus fieles legiones, cruzó el río Rubicón pronunciando (según se dice) la frase Alea iactaest(“La suerte está echada”) y marcho hacia Roma.

Ante el peligro que se avecinaba, Pompeyo y los senadores huyeron de Roma y, de esta manera, empezaría la segunda guerra civil romana (49-45 a.C).Pompeyo sería asesinado en Egipto y Cesar derrotaría a los últimos rivales para acabar haciéndose con el poder.

 

De esta manera acabó la primera tentativa de poder paralelo en la historia de Roma donde las ambiciones individuales llevaron a Roma a dar un primer paso hacia el Imperio.

Carlos Llanas