Carta de Moria al cardenal arzobispo Juan José Omella

Carta de Moria al cardenal arzobispo Juan José Omella

 

Me dirijo a vos, sabedora de la gran distancia que hay entre estas islas bienaventuradas, repletas entre sus habitantes de esa sancta simplicitas que vuestro mundo odia.

Se que nos consideráis locos, ¿pero acaso no dijo, vuestro antecesor en el episcopado (risum teneatis) Pablo, que el evangelio es locura para los que se pierden?

Pero sin más dilaciones, debo deciros que, hasta aquí, han llegado a mis oídos noticias de sus andanzas como prelado y debo confesaros que sois muy poco originales.

Ya mi amigo Erasmo, publicó mis pareceres en su momento sobre los que son como vos y no pretendo repetirme, pero me producís gran aburrimiento, siempre con esa oración del tendero, la misma que rezan los paganos en sus templos a esos dioses. Aunque, ¿qué os diré yo sobre los gentiles?

Imbuidos por esa kolakia que tanto practicáis a quien menos la merece, echando incienso, encendiendo cirios ante altares de mentiras pactadas.

He sido sabedora también que, aunque las aguas de vuestra patria, España, se van vendiendo con un silencio atronador, de las aguas de Leteo no paráis de beber dejando tras cada sorbo, atrás y atrás a los que no se vendieron.

Sin embargo, hoy, pese a vuestra costumbre de beber de esas aguas de Lete estoy seguro de que Anoia os dejará recordar, que significado interno y espiritual tienen esas albas blancas que portáis, esa mitra bicorne sobre vuestra cabeza, esos guantes, ese báculo, ese pectoral, esa capa cardenalicia…

Vos bien sabéis que significan o al menos que se suponen que deben significar. Pablo, el apóstol, el santo, el obispo, al fin y a la postre, sólo trató de revestirse en la sacristía de Su gracia, de un ser irreprensible, que es el mejor vestido ante Dios.

Pero es menester callar, la necedad ha hablado suficiente y os hablará Aquel que está más cerca de mí que de los que son como vos, recordándoos, mientras aún estéis a tiempo:

Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado. Mt 3:2

Atentamente,

Moria

Borja Ruiz Garcia