LA SUBLEVACIÓN DE JACA

EL PRIMER PASO DE LA SEGUNDA REPÚBLICA

El 12 de diciembre de 1930 se produjo uno de esos acontecimientos poco conocidos de la historia de España que, paradójicamente, más contribuyó al gran cambio que se produjo en el país: la Segunda República. Hoy hablaremos de la sublevación republicana de Jaca.

Una España sin rumbo

Tras la renuncia del general Miguel Primo de Rivera en el 28 de enero de 1930, el rey Alfonso XIII designó nuevo presidente del gobierno al general Dámaso Berenguer. Este general intentó volver al país a la situación política anterior a la llegada de la dictadura de Primo de Rivera de 1923.

El nuevo gobierno quiso, entre otras cosas, recuperar la Constitución de 1876 y el sistema de la alternancia política entre dos grandes partidos a través de elecciones fraudulentas, el sistema canovista.

Pero eso era imposible, ya que España había vivido en una dictadura consentida por la monarquía que, en 7 años, había desmantelado el sistema político completamente. Por lo tanto: entre enero y diciembre de 1930, la monarquía estaba deslegitimada y el sistema político estaba tan desdibujado que los periódicos lo llamaron dictablanda.

Con esta situación, en el mes de agosto, las fuerzas políticas de izquierdas y republicanas se reunieron para “firmar” el Pacto de San Sebastián. En este pacto, los partidos implicados acordaban la búsqueda de la proclamación de la república a través de un golpe militar con la ayuda del sector del Ejército desencantado y que ya había tratado el tema de rebelarse contra Primo de Rivera. Para llevar a cabo el plan se creó un comité revolucionario.

El Comité empezaría a posponer en diferentes ocasiones la fecha del golpe, cosa que no le gustó al capitán del regimiento de Infantería Galicia número 19 Fermín Galán. Este capitán gaditano había estado encerrado en la prisión militar de Montjuic, en Barcelona, por participar en la Sanjuanada, la conspiración militar contra el régimen de Primo de Rivera de 1926 y que había contactado con el Anarquismo, un movimiento muy potente en la Barcelona de la época.

Tras ser amnistiado por el gobierno Berenguer, Galán fue enviado en Jaca donde conoció a militares y civiles republicanos que le pusieron en contacto con el Comité Nacional Republicano.

Entre que el Comité acordó que el golpe se diera el 15 de diciembre con el peligro de que las nevadas impidieran el movimiento de tropas y que parecía que en Madrid ya se sabía de la existencia de un golpe militar inminente para esas fechas, el día 12 de diciembre, el capitán Galán subleva a la guarnición de Jaca a las cinco de la mañana, ocupan puntos estratégicos de la población y proclaman la república desde el balcón del ayuntamiento izando la bandera tricolor.

Como curiosidad, el representante del Comité Revolucionario Casares Quiroga, el que sería presidente del gobierno durante el golpe militar del 18 de julio de 1939 y que no le daría importancia diciendo aquella frase de “si los militares se levantan, yo me acuesto”, fue a calmar al capitán Galán aquel día 12 de diciembre, pero como había llegado de madrugada a Jaca, decidió irse a dormir sin hablar con el militar.

El operativo

Una vez controlados centros de comunicación y edificios estatales, los sublevados forman una Junta Provisional Republicana local presidida por Pío Díaz Pradas que sería el primer y último alcalde republicano en España de aquel día. Hay que decir que esto le valió el título honorario de “alcalde de todos los ayuntamientos de España” el 27 de marzo de 1932 con la república proclamada.

Tras establecer el nuevo gobierno municipal de Jaca, Galán y sus hombres organizaron dos columnas de soldados y civiles armados para dirigirse hacia Huesca: una iría por ferrocarril y la otra iría por carretera. Por su parte, el gobierno de Berenguer, al enterarse de lo que estaba pasando en Jaca, se moviliza y manda tropas para defender Huesca.

La columna de Galán avanzaba lentamente debido al mal estado de los vehículos que tienen que ser, en gran parte, de la propia gente de Jaca que estaba participando en el golpe.

Por otro lado, la columna rebelde que iba en ferrocarril, dirigida por el capitán Salvador Sediles, acaba llegando a la población de Ayerbe andando porque el gobierno cortó la línea de tren para evitar el avance enemigo. Tras proclamar la república y descansar, las fuerzas rebeldes salen de Ayerbe en la madrugada del 13 de diciembre dirección Huesca.

El fin (principio) del sueño republicano

Con todo el grueso de fuerzas por carretera y tras unos 24 kilómetros a pie y con camiones y otros vehículos en mal estado, los sublevados llegan al santuario de Cillas, a tres kilómetros de Huesca. Sin embargo, todo se viene abajo.

Allí, desde el día anterior, un fuerte contingente de soldados fuertemente armados y enviados por el gobierno está asentado en la zona esperándolos. Entonces se produjo un fuerte intercambio de disparos entre los dos contingentes que, por falta de reacción de Galán, causó muchas bajas en el bando sublevado.

Ante esta situación, los rebeldes emprendieron una huida hacia Ayerbe. El levantamiento había fracasado. Galán, que no quiso huir, decidió ir a la población de Biscarrués, donde se entregó. El capitán y otros oficiales detenidos fueron enviados a Huesca donde fueron sometidos a un Consejo de guerra sumarísimo.

Fermín Galán asumió toda la responsabilidad de lo ocurrido. Los capitanes Fermín Galán y Miguel Ángel García Hernández, detenido al intentar negociar con los comandantes de las fuerzas gubernamentales en Cillas, son condenados a muerte y los demás oficiales a cadena perpetua.

En la mañana del domingo del 14 de diciembre, en Madrid, son detenidos los líderes del Comité y Casares Quiroga en Jaca. Por su parte, Galán y García Hernández son fusilados en Jaca. El día 15 hubo una intentona republicana por parte del comandante Ramón Franco y el general Quiepo de Llano de ocupar el aeródromo de Cuatro Vientos, en Madrid, que fracasó tras no recibir auxilio alguno.

El fusilamiento de Galán y García Hernández no significaron una derrota para el republicanismo español para nada. Tras este hecho, el sentimiento antimonárquico y el descontentamiento hacia la “dictablanda” que se vivía fue in crescendo hasta tal punto que, cuatro meses después, unas elecciones municipales sirvieron para echar a Alfonso XIII y a proclamar la Segunda República.

 

Carlos Llanas

@rincondhistoria