Vampiros en Caracas

Vampiros en Caracas

Una delegación de estadounidenses socialistas, pertenecientes a los Democratic Socialists of America (DSA), se aventuraron a una tierra con la que seguro fantaseaban, para conocer a un gobernante que indudablemente admiran.

Así, llegaron a esa tierra de gracia, azar y locura llamada Venezuela. Probablemente atraídos por la idea de conocer ese paraíso en la tierra construido por años de socialismo tercermundista que tanto gustarían replicar en sus Estados Unidos de América.

La noticia pasó desapercibida, dada la ridiculez del hecho. A fin de cuentas, no es la primera vez que un grupo de gente con el cerebro atrofiado por las élites académicas del primer mundo, viajan al tercero para darse un banquete visual.

Como si fueran a un museo, aunque quizá sería mejor llamarlo un viaje al pasado, estos socialistas son una repetición llena de patetismo de aquellos incautos que viajaban a la URSS, la China de Mao, o alguna de esas repúblicas “populares” de entonces.

Hoy quizá causa más gracia ver a estos turistas del oprobio. Si entre todos los monumentales fracasos de Marx se pudiera extraer una frase útil, creo que ninguna más adecuada que “La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa.”.

Habría qué ver las diferencias entre aquellas visitas a la URSS que llevaban a cabo nuestra crema y nata intelectual de las décadas pasadas, y esta pantomima de admiradores que fueron a Caracas para presenciar el socialismo venezolano.

Quizá, como quien va a un zoológico, o al acuario, todo parece mágico, especial. Los socialistas siempre tienen la costumbre de exigir revoluciones para el mundo, pero no para ellos. Por eso, son ávidos turistas de los paraísos socialistas, pero jamás se mudan a ellos. Los experimentos sociales les fascinan, pero de lejos.

La pobreza es reivindicada, pero en la distancia, no sea que se les pegue algo y menos ahora que los pobres en muchos países se han “derechizado”. La foto del puño alzado es infaltable, cual compromiso obligatorio para mostrar solidaridad con un régimen que ya no hay por dónde defenderlo.

Antes podría entenderse, claro que haciendo un esfuerzo muy grande. Millones de personas creyeron, gracias al inestimable esfuerzo del Partido Socialista Francés, que la tierra del socialismo era el nuevo paraíso en la tierra.

Creyeron también, cómo no, que los relatos de los supervivientes de los gulags, las matanzas, persecuciones y hambrunas eran falsos relatos de agentes de los capitalistas. Todo crítico es un actor contrarrevolucionario. No sorprende ver las respuestas de los DSA a quienes critican su visita a Venezuela. Les cortan con la misma tijera oxidada de fabricación soviética.

Porque justificar lo que sucede en Venezuela, legitimar a quienes mandan en el país, excusar la crisis humanitaria que persiste (digan lo que digan las imágenes de la burbuja mágica de la capital del país), parece imposible.

Por ello, es la tarea predilecta de muchos intelectuales, solo ellos lo pueden lograr. Ahora bien, la adulación puede darla cualquiera, sin importar coeficiente intelectual.

Afortunados esos turistas políticos de la DSA, porque hay que tener suerte, o un comité de bienvenida y resguardo, para no verse sometido a los vaivenes del realismo mágico criollo.

Pero claro, con dólares todo se resuelve, más aún si te hospedas donde el régimen te dice, tienes acceso a los sitios que el régimen te conduce, y visitas los lugares a los que el régimen te lleva. Paraíso en la tierra, la renuncia total a la autonomía humana.

Tal como acontece en los otros paraísos socialistas que quedan, la miseria se convierte en una condición digna, de resistencia contra un bloqueo que igual como que no bloquea demasiado. Si algo está lleno de importaciones hoy es Venezuela.

Desde camionetas hasta alimentos, y casi todo “yankee”. El paraíso socialista devastó a tal punto la industria nacional, que la producción fue incapaz siquiera de satisfacer la demanda “zombieficada” sostenida por los dólares que algunos manejaban.

Deberían ver estos emisarios de la buena voluntad de la DSA que ahora el paraíso socialista construido por el chavismo sigue liderando el mundo en inflación.

Debieron cuestionarse el porqué de esa dolarización a la vista de todos, esa nueva costumbre de ir a comprarse una hamburguesa tropicalizada con un billete de 10 dólares. Esos billetes sí, bien norteamericanos.

Quizá en los barrios pudieron conocer a algún prohombre de la talla del “koki”, esos que no temen aterrorizar a toda una barriada.

Capaz habrían tenido la oportunidad de sumarse a los inefectivos cuerpos de seguridad, que no dan pie con bola para frenar a las bandas armadas.

Tal vez allí se habrían preguntado el origen del armamento pesado en manos de la delincuencia común. Realismo mágico en el que un gobierno entrega miles de armas al pueblo, para luego tener que enfrentarse a esas mismas armas, en manos de bandas armadas hasta los dientes.

Verdaderamente es un mundo de posibilidades. El chavismo cumplió su eslogan “lo extraordinario se hace cotidiano”, que se leía en algunas vallas muy bien dispuestas por la capital del país.

Se hizo cotidiano el robo, el secuestro, la vacuna, la guerrilla, el narcotráfico, la censura, la persecución, la crisis, la fuga de cerebros, la pobreza, el hambre, y la muerte. Más de 2 décadas haciendo cotidiano todo lo que antes era una rareza.

Porque qué es el “koki” sino el resultado de la complicidad de un régimen que siempre ha optado por el caos y la crisis, por el miedo como control social.

De un régimen que intentó perseguir esa fantasía del pueblo armado, miliciano y revolucionario. De las 100 mil kalashnikovs compradas por Chávez y desaparecidas al poco tiempo, de las 20 mil armas de alto calibre que Maduro daría al pueblo. De aquella justificación del robo por los más pobres que hizo Chávez.

De haber sido realmente críticos, los de la DSA podrían haberse dado cuenta del hambre y las dificultades que genera un régimen inepto, indolente, e inescrupuloso como el que fueron a apoyar. Pero claro, el bloqueo. Porque es historia repetida, ya ha pasado antes. Sin embargo, nunca debe subestimarse la capacidad de un pueblo para tropezar.

Ahora, es decepcionante que veas la casa del vecino arder, y no tengas al menos la consideración de ser precavido con la tuya.

Parece mucho pedir y más para unos jóvenes incautos que defienden una estafa intelectual y un sistema realmente inhumano, que drena la vida de cualquier sociedad. Al final, son como vampiros que nutren sus experiencias de vida con los fracasos ajenos.

Eduardo Castillo