El batacazo de Occidente: “Etiquetas retorcidas”

El batacazo de Occidente: “Etiquetas retorcidas”

Cuando el Socialismo perdió la batalla económica a finales de los años 80 y dicha derrota se manifestó con la Caída del Muro de Berlín, parecía que el dominio de Occidente tendría un dominio vitalicio gracias a la viabilidad de sus democracias de ideales democristianos con tintes liberales y socialdemócratas.

Desafortunadamente, la lucha de etiquetas se convirtió en un bastión a tener en cuenta por parte del ala socialista, con tal de derrocar al capitalismo. De hecho, el Feminismo Socialista y el Black Lives Matter demostraron su servicio a movimientos de la izquierda más sectaria, considerando sectaria a una de las series de dibujos animados más apreciada por la generación táctil, La Patrulla Canina, como una producción dispuesta a incitar la desigualdad de género.

Por otro lado, también es considerado como objeto de queja por haber utilizado a un par de cachorros para dejar en buen lugar al cuerpo policial.

En principio, quería dejar pasar semejante sandez en forma de argumento por parte de Teresa Rodríguez, política andaluza. Pero por muy bonito que quede el no hay mayor desprecio que no hacer aprecio, me gusta más el mejor una vez rojo que ciento amarillo.

Por supuesto que alguien dispuesto a dar semejantes argumentos no debe tener tanta importancia, ya que sus pensamientos están a la altura de lo que pueda decir alguien que todavía necesita una gran cantidad de años de desarrollo.

Pero la Sociedad de la Información no debe ser subestimada, ya que si la manipulación ejercida por el Partido Nazi dio paso a un inolvidable genocidio, tampoco se puede menospreciar la obsesión por imponer un cultura buenista, ofendidita y perversa.

Sinceramente, me cuesta creer que niños con edades oscilantes entre los tres y los siete años estén centrados en encontrar un reparto de personas con diversidad de género. Ni tan siquiera en la trama sobre si se tapa la presencia de personajes femeninos, ya que parece que la señora Teresa no olvida la inocencia del niño llena de bondad.

Incluso todos aquellos adolescentes encandilados con Friends en los años 90 no encontraron resquicio alguno de racismo. Lástima que Marta Kauffman no pensara lo mismo, ya que confesó públicamente su arrepentimiento por no haber incluido a ningún personaje “de color”. Sin embargo, eran lágrimas de cocodrilo de cara a la galería, ya que su reencuentro en HBO no incluyó a ningún negro en el elenco.

Son sus costumbres y hay que respetarlas, o mejor dicho, cuidado con responderles con la contundencia merecida que estás atentando contra el mundo. Pero todas estas personas tienen el derecho a destrozar toda cultura construida a lo largo de la Historia como si estuvieran protagonizando la distopía 1984 de George Orwell.

Ya no solamente tienen la poca vergüenza de maltratar el lenguaje en mítines políticos, también se permiten el lujo de destrozar infancias con discursos llenos de odio. Efectivamente, prohibirle a un niño ver La Patrulla Canina porque inconscientemente adquiere conceptos poco éticos en pro de una desigualdad humana es un excelente ejercicio de la paternidad.

Quizás lleven razón, porque yo fui un apasionado de los Teletubbies en el que Lala era la única chica en una pandilla racista, ya que no apareció ningún Teletubbie negro, lo que me llevó a proyectar unos ideales a rajatabla en mi vida social.

Por ejemplo, mi grupo de amigos evolucionó hasta convertirse en una pandilla de diez personas, de los cuáles, solamente hay tres chicas. El resto ejercimos una masculinidad blanco, carnívora y heterosexual, ya que no tenemos a nadie “de color”. No obstante, tenemos a un colega bisexual, a otro homosexual y a tres chicas por puro simbolismo, que, para colmo, entran porque personalmente, me resultan atractivas.

Evidentemente, el párrafo anterior es un ejercicio majestuoso de sarcasmo para ponerme en la piel de la dialéctica argumental enfermiza de personas empeñadas en destrozar la armadura del lenguaje para monopolizar la opinión común.

Pero solamente voy a hacer una pregunta: ¿son capaces de predicar con el ejemplo? Seguro que no, porque es inviable etiquetar a la gente por su género, condición sexual o raza. En mi pueblo, eso se llama racismo, el mismo por el que empezaron a hacer viral el arrodillamiento.

Kylian Márquez @viviendoentreteclas