LA MALDICIÓN DEL FARAÓN: ¿MITO O REALIDAD?

LA MALDICIÓN DEL FARAÓN: ¿MITO O REALIDAD?

“Un arqueólogo muere tres desenterrar la tumba de un faraón”. Este fue el titular que muchos leyeron en 1922 tras el descubrimiento de la tumba de Tutankamón. Tras estas palabras, se extenderían mitos y leyendas sobre supuestas maldiciones que llegan hasta nuestros días. Hoy hablaremos brevemente de lo que sucedió y si todas estas muertes fueron fruto de la casualidad o en realidad fueron causadas por magia de hace milenios para proteger las tumbas de los reyes de Egipto.

 

El mayor descubrimiento del siglo XX

El 4 de noviembre de 1922, el arqueólogo Howard Carter desenterró la tumba del faraón Tutankamón. Este hallazgo fue quizás el más importante del siglo pasado, ya que fue la primera tumba sin abrir de un rey egipcio: más de 5000 objetos de incalculable valor incluyéndose la famosa mascara de oro del rey niño. Como no podía ser de otra manera, los periódicos de la época se hicieron eco de la noticia. Fue un gran éxito para la arqueología y el inicio de una serie de catástrofes desdichas que alimentarían una leyenda.

Ya se empezó a insinuar la existencia de dicha maldición cuando el canario de Carter fue comido por una cobra, el animal sagrado y representativo de la diosa Uadjet, protectora del faraón. El 5 de abril de 1923, cinco meses después del descubrimiento, George Herbert, el conde de Carnarvon y persona que financió la campaña arqueológica de Carter moría en su hotel de El Cairo.

Tras esta muerte, la prensa británica e internacional empezó a interesarse por la gente que había estado involucrada en el yacimiento porque, de una manera u otra, estas personas fueron cayendo como lo hizo el conde. Sin ir más lejos, Audrey Herbert, el hermano del conde, murió de manera inexplicable al llegar a Londres tras el viaje. De la misma manera lo hizo, este caso en El Cairo, Arthur Mace, el hombre que acabó abriendo la tumba de Tutankamón.

Otras personas también fueron contadas como víctimas de la “maldición del faraón”. La secretaria de Carter murió de un ataque al corazón y el padre de esta, al enterarse de la noticia, se suicidó.

Por otro lado, un profesor canadiense que estudió la tumba o el radiólogo que analizó la momia también cayeron. Al mismo Howard Carter le dieron por muerto cuando, precisamente el descubridor de la tumba murió en 1939 por causas naturales. Hasta se consideró que la muerte del director del Museo de El Cairo había muerto por la maldición estando ya en los años 70.

 

Detrás del mito

Cierto es que hay muchas muertes que rodean el descubrimiento de Tutankamón, pero jamás se demostró que la causa de dichas muertes fuera una supuesta magia antigua realizada por los sacerdotes. El hecho más claro es el propio Carter que, como ya hemos comentado, murió a los 64 años por causas naturales. La pregunta es: ¿De dónde procede entonces todo este tema de la maldición del faraón? Básicamente de la imaginación de escritores, cineastas y la prensa.

Muchos escritores de la época como el padre de Sherlock Holmes, sir Arthur Conan Doyle, se apresuraron a decir que el conde de Carnarvor había muerto por un hongo tóxico puesto por los sacerdotes en el momento de cerrar la tumba real.

Aunque sea cierto y se ha demostrado la existencia dentro de tumbas de baterías que pueden afectar a la gente con problemas pulmonares, desde el primer momento se sabe que Herbert murió porque, un mosquito le picó y, mientras este se afeitaba, se cortó la picadura y esto le provocó una infección que, por falta de penicilina y antibióticos, le provocó la muerte.

Por otro lado, la prensa fue la otra responsable de la invención del mito. En esa época existía una competencia intensa entre los dos grandes periódicos de la Gran Bretaña, el Times y el Daily Mail. Estos dos periódicos luchaban para ver quien vendía más.

El Times consiguió en exclusiva para publicar las fotos de la tumba de Tutankamón. Por su parte, el Daily Mail no tenía nada por lo que su corresponsal tuvo la idea de buscar un titular que atrajera la atención del público y decidió recurrir a las recientes muertes tras el descubrimiento para escampar la leyenda de la maldición.

De los seis involucrados en el descubrimiento que fallecieron, la prensa llegó a engrosar la lista de muertos por maldición hasta la treintena. El mito se extendió e inspiró a cineastas que, al mismo tiempo, han ayudado a propagar todavía más la leyenda como son el caso de las películas de la momia como son las de 1932 o 1999 o 2017, entre otras.

Como hemos podido ver, una vez más, la realidad siempre supera a la ficción. Cierto es que hubo muertes entre las personas que ayudaron a Howard Carter tras la apertura de la tumba de Tutankamón, pero también es cierto que la maldición del faraón es una invención que sirvió a los escritores de argumento para sus novelas, a la gente para evadirse un poco de sus vidas, a los periódicos para vender más tiradas y a Hollywood para hacer más películas.

Carlos Llanas