Neurología: el arte de descifrar lo indescifrable

Neurología: el arte de descifrar lo indescifrable

¿Crees que solo utilizamos el 10% de nuestro cerebro?, quizás habrá personas que si, pero en la mayoría de los casos, esa es una leyenda urbana. Evidentemente, hay actividades que ayudan a desarrollar las conexiones neuronales, como la lectura y la natación. Ejercicio físico e intelectual para hacernos felices.

Qué otra disciplina abarca tanto conocimiento: la Neurología trata el cerebro, que es el órgano más complejo y que rige tanto la movilidad, como los sentimientos, como la consciencia, como enfermedades como la epilepsia (la gran desconocida). Y es que ya lo decía Eduard Punset en uno de sus libros, “El alma está en el cerebro”.

El infinito en la cabeza

Emulando el título de Irene Vallejo, “El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo”, hablamos del poder de la literatura.

La psicología evolutiva considera las historias contadas por nuestros antepasados alrededor del fuego como una actividad que ha permitido la evolución de la mente humana. En cierto sentido, son precisamente las historias las que nos hicieron humanos, dado que transmiten significados e información importantes para la vida social.

Los libros provocan efectos sobre los procesos cognitivos; sobre cómo pensamos y no solo sobre lo que pensamos.

Las novelas utilizan un lenguaje que obliga al lector a hacer pausas reflexivas, a través de variaciones estilísticas a nivel fonético (como aliteraciones y rimas), omisiones de elementos sintácticos (que el lector debe adivinar) y hace uso de estructuras semánticas como la metáfora.

Dopamina y serotonina a remojo

Como dijo Bruce Lee, “seamos agua, amigos”. La natación, ese deporte que nos hace felices, como cualquier actividad física. Ya que cuando realizamos una actividad deportiva, nuestro cerebro segrega dos sustancias, dopamina y serotonina, las llamadas hormonas de la felicidad.

En “Leyes”, Platón se preguntaba: “¿Debería confiarse un cargo oficial a personas que son lo contrario de gente culta, las cuales, según el proverbio, no saben nadar ni leer?”.

Para Kafka, sus sesiones en la Escuela Civil de Natación de la piscina de la isla de Sofía se convirtieron en su terapia para entender la situación social. “Alemania declara la guerra a Rusia. Por la tarde, me fui a nadar”, escribió el 2 de agosto de 1914, en sus “Diarios”.

Otro día trataremos la construcción psicológica de los personajes y citaremos novelas y autores, auténticos maestros en estas artes.

Estela Muerza