¿Elecciones en tiranía? Votar entre ferraris e inanición

¿Elecciones en tiranía? Votar entre ferraris e inanición

Vuelve la fiesta electoral a Venezuela. En medio de una tímida apertura económica a regañadientes, el chavismo encontró el momento para ofrecer a las oposiciones un nuevo reparto de puestos. Eso sí, las condiciones electorales son prácticamente las mismas. Se sabía probable un cambio económico con el chavismo necesitado de fondos. Así, un oficialismo atrincherado, que aprovecha las potentes herramientas que brinda la represión, nos invita a votar.

Algo en lo que no se puede dejar de poner la lupa es la sensación percibida de mejora económica, cuando no arreglo del país. Sin importar el término, es evidente que las condiciones de hoy distan de los peores momentos de 2017, aunque es indudable que Venezuela sigue expulsando ciudadanos. La situación sigue invivible para la gran mayoría de personas que no tienen acceso a las preciadas divisas. El maná de la dolarización no llega a todos. Sin embargo, se mueve.

Tomó 21 años al chavismo entender las consecuencias de destruir la confianza y el valor de una moneda. Nadie cree en el Bolívar y los resultados están a la vista. Cualquier negocio informal de comida callejera ya maneja los precios dolarizados con total naturalidad. El dólar es la verdadera moneda venezolana. Dejó de ser el tótem de los nuevos ricos para llegar a todas partes.

La situación es tan dispar que, si los expertos de Oxfam se tomaran la molestia de olvidar sus antiguas apologías del chavismo, notarían el horrible escenario de miseria y desigualdad que generó. Estos altos inquisidores de la “igualdad real”, críticos de regímenes abiertos de “intolerable desigualdad”, callan ante la peor crisis migratoria, de derechos humanos y más en la región.

Por otra parte, algunos aventureros hablan de milagro, de oportunidades, de crecimiento y mejora. La fortuna favorece a los audaces. No está mal intentar aprovechar las nuevas condiciones. Difícilmente se vean negocios tan rentables como algunos en Venezuela, con tasas de ganancia que asombran a cualquiera. El chavismo lo tolera, haciendo la vista gorda ante el inevitable surgimiento de empresas que afrontan la crisis. Una aceptación por la fuerza de la realidad que le cuesta al chavismo las críticas de sus últimos partidos satélites.

De esta manera, el chavismo obra en medio de un escenario económico confuso, con ferraris y desnutrición crónica. Sin embargo, algo se les debe reconocer, la astucia. Nuevamente convocaron a una mesa de negociaciones. Parte de la oposición, en el desespero de no tener poder o dinero, asiste. La tiranía prácticamente ha pasado 20 años “jugando vivo”, esa pelota “caribe” de macabra viveza. Ahora, logró que México, sin sorpresa, y Noruega, que asombra por la ingenuidad, sirvieran de celestinas para las nuevas negociaciones.

El viaje de Maduro a México resultó fue un descaro. El tirano venezolano aprovechó para darse un paseo. Es como si quisiera decir que no existe miedo alguno de detención. Responsable de persecuciones, asesinatos y torturas, este Stalin bananero visitó a su homólogo mexicano como quien nada debe ni teme. Resulta esclarecedor ver que no hubo reacción, más que de indignación. Otra vuelta a la tuerca de un proceso decepcionante que ya no encuentra en qué metamorfosearse. Ni salida ni gobierno interino.

Hoy la tiranía convoca a votar, pero una parte de la oposición también. ¿Por qué lo hacen? Sucede que los ejércitos, sin importar su cantidad, no pueden marchar sobre estómagos vacíos. Esta máxima de la estrategia militar también aplica para la realidad política venezolana.

Por muy cuantiosa que se antoje la ayuda humanitaria y la cooperación internacional, no es suficiente para aplacar las necesidades. Es imposible conciliar el apetito de enriquecimiento de todo el mundo. La oposición tiene más de una década que no goza de espacios políticos con ingresos suficientes para sostenerse.

Aquí hace falta una reminiscencia que puede aclarar mucho. Cuando el chavismo constituyente eliminó el financiamiento público de las organizaciones en 1999, no lo hizo por convicción sobre la necesidad de que los partidos construyeran sus herramientas de financiamiento propio. Lo hizo para obligarles a competir en el latrocinio del presupuesto público o perecer. Además, cargo que alcanzaban era cargo que veía menguar su presupuesto y competencias.

Eso sí, la oposición no carece del hambre presupuestaria o habilidad de peculado, carece de poder. Precisamente por ello, es evidente el desespero con el que se manejaron los fondos obtenidos durante el último lustro. Pero ya no es tan fácil ni tan cuantioso el maná caído del cielo.

¿Qué le cuesta a la tiranía regalar algunos puestos de elección popular? Nada. Menos aún cuando el Estado está en la quiebra. Salvo algunos municipios, la enorme mayoría de las alcaldías son insostenibles.

Hoy, las posibles fuentes de financiamiento se hallan en transas y en ese oficio curioso del lavado de dinero en el que todos los gatos son pardos. Al chavismo no le cuesta entregar migajas de protagonismo, especialmente a quienes tienen casi dos décadas sin probar las mieles de la fama y el dinero fácil que brinda un cargo de elección popular.

También es clave recordar que hasta ahora todas las estrategias o improvisaciones planteadas por la oposición han fracasado. Aunque evidente, esto último plantea las dificultades de operar en un sistema político caracterizado por:

  1. Improvisación, fruto de la disgregación opositora propia de los disensos y de facciones con otras lecturas
  2. Ausencia de coordinación entre partidos en pugna constante por encabezar la alternativa, dificultando la toma de decisiones
  3. Estructuras partidistas debilitadas, que incapaces de crecer y canalizar los intereses ciudadanos (por eso proliferan las asociaciones y fundaciones).
  4. Ventajismo del oficialismo, que nunca se ha comedido a la hora de explotar al máximo todo el aparato estatal en su beneficio
  5. La falta de recursos, que obliga a las organizaciones a parasitar recursos foráneos e imponen altísimas barreras de entrada a nuevos liderazgos, partidos o movimientos

A esto solo faltaría añadir la carencia de un órgano de planificación estratégica profesional, preparado para generar soluciones, y con capacidad de entender las dinámicas más profundas. Esto es algo en lo que el chavismo ha propinado tantas lecciones como palizas a la oposición.

No se explica cómo las mentes formadas en las mejores universidades del mundo son derrotadas sistemáticamente por militares. Tal vez se deba a esa altanería intelectual opositora, que siempre menosprecia al rival. Es evidente que la nuestra es una élite que no ha estado a la altura.

Llegamos a esta nueva convocatoria no con una sino con varias oposiciones. De todas, la que participa con mayor entusiasmo, se apunta en candidaturas “unitarias” y, cuando no se puede, con candidatos independientes. En una elección sin garantías, parece una broma pesada, pero las ganas de poder son naturales, como cualquier pasión que nos arrastra. Se trata de un problema grave, puesto que la población quiere y no quiere votar.

Entre quienes participan hay de todo. Infames colaboracionistas, pero también ingenuos que esperan reflexión o piedad del verdugo.

En la urgencia de hacer algo, no se dan cuenta que la gente estaba harta del chavismo, pero también de la oposición. La política, herramienta favorita del chavismo en su momento de oro, hoy parece más inútil que nunca. Nadie espera que una votación traiga cambio, porque se ha visto sistemáticamente que en Venezuela no tiene sentido como muchas otras cosas, para muestra, el último estudio de ENCOVI.

Eduardo Castillo

Sociólogo y Consultor