La crisis global de suministros enfrenta a los puertos y a los cargueros de España

La crisis global de suministros enfrenta a los puertos y a los cargueros de España

 

‘Crisis de suministros’. Estas tres palabras llevan sobrevolando la opinión pública española durante las últimas semanas.

Un fenómeno desconocido para una sociedad que lleva años instalado en la ‘desmesurada’ oferta que llega procedente de otros países. Esta problemática tiene una vinculación directa con el comercio marítimo, donde intervienen cuatro actores: los puertos, que son los puntos de atraque de los barcos; las navieras, que transportan los bienes; cargueros, que envían y reciben los productos; y el órgano regulador, que en nuestro país es la Comisión Europea, que actúa sobre el mercado marítimo.

Hoy nos encontramos en un escenario que enfrenta a algunos de estos participantes, que defienden sus propios intereses.

La cadena de suministros global está viviendo una crisis sin precedentes en este siglo.

La imagen hoy nos deja decenas de barcos sin atracar y puertos congestionados en todo el mundo.

A esta situación se ha llegado por diversas causas: primero, las infecciones por la Covid (que ha supuesto el cierre de puertos); segundo, la escasez de contenedores (necesarios para transportar bienes) y de microchips (claves para fabricar vehículos o aparatos electrónicos) y, tercero y último, la falta de personal.

Ante esto, los minoristas españoles, alarmados por lo que está ocurriendo, han decidido aumentar su demanda para evitar la escasez de productos los próximos meses, lo que está agudizando, aún más, esta crisis de carestía de mercancías.

En mitad de esta crisis, los puertos -apoyados por los navieros- y los cargueros están en pie de guerra.

Mientras que estos últimos denuncian retrasos en las mercancías, los primeros lo rechazan. Así, al secretario general de Transprime (Asociación Española de Empresas Cargadoras), Jordi Espín, no le sorprende que nieguen el problema: ”Los puertos no hacen crítica porque iría en contra de sus clientes (los navieros)”.

Espín, que también es el Director de Relaciones Estratégicas de la Asociación Europea de Fabricantes (ESC, por sus siglas en inglés), achaca la demora a que los precios de los contenedores se han disparado: ”Hace dos años un contenedor costaba 1.500, hace uno 2.500 y hoy vale 15.000 euros”.

El representante de Transprime explica que el aumento de los precios disminuye el tráfico marítimo, “viajan menos navieras y a un ritmo menor, para ahorrar en combustible”.

El secretario general hace hincapié en que ”el tiempo de espera es ahora más largo” y cree que algunos productos que se encargaron para Navidad no llegarán a tiempo.

Esta realidad que denuncian los cargueros la rechazan las autoridades portuarias.

En el Puerto de Valencia -que recoge el 35% de las importaciones totales del país-, una fuente asegura que “el problema está en Los Ángeles, no en el Mediterráneo” y que “solo” se ha notado “un aumento en los precios de los contenedores, pero no del retraso”.

Además, rechaza que exista una falta de suministros que vaya a ocasionar un impacto a corto plazo, “se ha puesto de moda alarmar a la sociedad, es mentira que la Navidad o el Black Friday estén perdidos”.

Por último, la misma fuente cree que esto solo responde a “intereses” y no a datos objetivos, “el mes pasado (septiembre) la importación del puerto fue un 47% mayor con respecto al mismo mes de 2020 (en pleno año de la Covid)”.

En la misma sintonía se encuentran los navieros que, aunque reconocen “sufrir unas consecuencias de desequilibrio de oferta y demanda nunca vistas antes” que les ha afectado de “forma muy significativa en el día a día (con cambios de horario, overbookings o falta de equipo), aseguran que “el tejido productivo -que acude al puerto para exportar o importar- está funcionando a pleno rendimiento”.

Además, añaden que “los volúmenes no paran de crecer con el esfuerzo, sacrificio y colaboración de todos los elementos de la cadena logística”.

Por último, hacen una mención especial a “todo el colectivo de transporte terrestre” por “apostar por los puertos”.

El consumidor final comienza a notar cierta carestía

“Venía en busca de un iPhone 13 Pro Max, pero me han dicho que están agotados”. Así lo lamentaba un chico al salir de la tienda de Apple situada en la Puerta del Sol.

La chaqueta vaquera azul lo protege del frío de esta mañana otoñal madrileña, pero ni la mascarilla oculta la decepción en el rostro de este ‘nativo digital’.

Un empleado de la tienda de la misma entidad dice, sin arrugar el gesto, que “hay muchísimas ventas y por eso se han acabado”. Él achaca esa demanda a la “crisis de suministros” que están escuchando los clientes.

Las juguetería están repletas y preparadas para la llegada de la Navidad. Sin embargo, cuando preguntamos a sus trabajadores explican que han oído hablar de la crisis de stock, pero que esperan no sufrir inconvenientes la época de más pedidos del año: ”Están costando que lleguen los juguetes”.

En otra tienda nos cuentan que han aumentado sus ventas respecto a las mismas fechas de otros años: ”La gente está comprando ahora por si luego faltan productos”. Nos asegura que los propios clientes sienten incertidumbre ante esta situación.

“Nosotros llevamos tiempo sufriendo este problema, hay muchas botellas que se nos están agotando, como las de ginebra o whiskey”, afirma el responsable del establecimiento Bulevar (situado en la calle madrileña de Alonso Martínez), que prosigue, “todo es por culpa de los barcos que no llegan con los pedidos”.

El hombre, cuya edad no llegará a los cincuenta años, sentencia, mientras acaba de limpiar los últimos vasos que tiene sobre la barra: “Vamos a acabar yendo a los supermercados a comprar las botellas”.