EL IDEAL DE BELLEZA: LA BÚSQUEDA PERPETUA

EL IDEAL DE BELLEZA: LA BÚSQUEDA PERPETUA

El concepto de belleza es un concepto muy subjetivo; todos tenemos nuestro ideal de belleza. Aun así, sabemos que el ser humano tiende a estandarizarlo todo y es por eso que, a lo largo de la historia, se ha intentado imponer un concepto de belleza “universal” que, con el paso de los siglos ha ido cambiando. Hoy vamos a hacer un breve repaso histórico a los diferentes cánones de belleza que se han ido dando hasta nuestros días.

Antes de empezar, me gustaría hacer una mención honorífica a la primera mención de la que tenemos constancia sobre el concepto de belleza para la humanidad y esa se da en la prehistoria. Aunque no tengamos registros fotográficos o escritos sobre lo que creían que era para ellos y ellas la belleza, los diferentes hallazgos arqueológicos que se han hecho en la cerámica y la escultura de la época, podemos deducir que su ideal de belleza iba muy ligado a la fertilidad y a la capacidad de asegurar linaje.

Un ejemplo bien ilustrativo es la Venus de Willendorff. De esta manera, podemos pensar que el ideal de belleza femenino en la prehistoria era una mujer con grandes senos y grandes caderas para poder amamantar y parir a muchos hijos. En el caso del hombre pasa lo mismo. Muchas representaciones escultóricas y de artesanía nos hacen suponer que el ideal de belleza masculina era la de un hombre sano, atlético y que pudiera engendrar muchos hijos porque se resalta mucho el miembro viril.

El cánon griego: el origen de la estandarización de la belleza

Hecha la mención especial, avanzamos en el tiempo hasta la antigua Grecia. Allí fue donde podemos decir que nació el concepto de buscar un canon de belleza. Como cuna de las artes, las matemáticas y la filosofía, los griegos también se interesaron en la naturaleza y la anatomía del cuerpo humano para buscar como debía ser una cosa bella; un cánon.

En el siglo V aC se acabó haciendo una teoría que todavía sigue vigente. Esa teoría la hizo el escultor Policleto. Este hombre estableció la idea de que un cuerpo era bello si media siete veces su cabeza. Esta idea se unió al concepto filosófico de que todo lo proporcionado y simétrico es bonito de los grandes filósofos Platón y Aristóteles para establecer un concepto de belleza femenino y masculino.

Para los griegos, y después para los romanos que lo heredaron, el hombre bello era un hombre atlético, alto, musculoso, con mucho cabello y con una cara amplia y la mujer bella era delgada, con brazos pequeños y caderas anchas, pelo largo y ondulado, ojos grandes, cara ovalada y pechos pequeños pero redondos.

Edad media y Renacimiento: belleza irreal

 

Llegamos a la Edad Media. En Europa, el cristianismo controla todos los ámbitos de la vida pública y privada de la sociedad. Y los cánones de belleza no serán una abstención.

Como sabemos, el cristianismo medieval buscaba alabar más lo espiritual que lo físico y es por eso que el concepto de belleza de la época introducirá ideas más subjetivas sobre la belleza si cabe. Es por eso que el hombre bello medieval era un hombre viril, valiente; un caballero que lucha contra el infiel.

En el caso femenino, el ideal de belleza correspondía a una mujer devota, frágil y sumisa. Curiosamente, en cuanto a físico, la mujer ideal era delgada, de piel blanca, de rasgos finos, pechos y caderas pequeñas, y de melena rubia y ondulada y de ojos azules. Es decir, la mujer ideal medieval era nórdica.

A continuación viene el Renacimiento. Como sabemos, este movimiento resucita los conceptos y temáticas de la antigua Roma. De esta manera, el ideal de belleza que se impone corresponde al que hemos hablado cuando hacíamos referencia a la Grecia clásica; mezclado, a la vez con el concepto de belleza medieval. Esta vez sí que podemos ver ese ideal de belleza, femenina mayormente, que tenían gracias a las pinturas de artistas como Botticelli.

El Barroco y el XIX: buscando la belleza a toda costa

Llegamos a los siglos XVII, XVIII y XIX. En estos tres siglos se produce un cambio radical en el concepto de belleza femenino. En el Barroco (siglos XVII y XVIII), vemos que se impone un canon de belleza completamente diferente al que había predominado en el pasado: ahora se llevaban los cuerpos rellenitos.

¿Recordáis que os dije que, en la prehistoria, las mujeres de caderas anchas y pechos grandes eran atractivas porque eran sinónimo de fertilidad y de salud? Pues entre los siglos XVII y XVIII, esta idea se recupera y las mujeres bellas eran aquellas que tenían unas caderas anchas, un pecho grande, pero, a la vez, tenían una cintura estrecha que se conseguía con el uso de corsés.

Este cambio de paradigma se dio porque, como ya he dicho, las mujeres con este cuerpo se veian como mujeres que vivian bien y, por lo tanto, de buena familia. En esta época también se populariza el empleo de pelucas, perfumes y maquillaje para realzar su belleza. Es el momento en el que la mujer se trabaja la belleza.

En el siglo XIX, el concepto de belleza del barroco va a más. En la llamada época victoriana, las mujeres siguen con el ideal de belleza barroco y recurren cada vez más a la utilización del corsé para realzar más los pechos y las caderas.

El problema es que se pasaban un pelín: algunas mujeres llegaron a morir por tener el corsé tan apretado que no les dejaba ni respirar. Este extremismo también se lleva a las otras partes del ideal de belleza. Por ejemplo, para tener la piel más blanca, muchas mujeres se lavaban con amoniaco o se ponían maquillaje con base de plomo. Como vemos, en el siglo XIX se empieza una tendencia de buscar la belleza que no se tiene naturalmente que sigue hasta nuestros días.

Desde el siglo XX a la actualidad: ideal sin definir

Y llegamos a los siglos XX y XXI. Durante estos últimos doscientos años, el cánon de belleza ha mantenido una cierta dirección más bestia de la que hemos visto en los siglos anteriores. En esta ocasión, y gracias al amplio registro fotográfico y de dibujos que tenemos, podemos ver dicha evolución más centrada en el ideal de belleza femenina que en la masculina.

A lo largo de la primera mitad del siglo XX, la mujer pasó de ser una mujer sumisa y delgada con caderas anchas a una mujer con curvas, rubia y con piernas kilométricas. Con el tiempo, las mujeres empiezan a cuidarse más porque hay vestimentas como los bikinis que resaltan la figura y ciertas partes. Por eso se cambia a una idea de mujer con pechos más grandes.

Una cosa sí que no cambia en este siglo y es la búsqueda de la delgadez que, a finales de siglo XX, llega a su máxima expresión con mujeres muy (muy) delgadas. A su vez, acabamos siglo y entramos en el nuevo milenio con un retorno a la época victoriana y a esa idea de hacer lo imposible para buscar la belleza que no se tiene natural. De esta manera entramos en la época del bisturí y vemos como muchas mujeres recurren a la cirugía estética para realzar sus encantos.

 

Y llegamos al siglo XXI. Con la aparición de redes sociales como Instagram o TikTok, las mujeres cuidan todavía más su físico y se recurre mucho más a la cirugía estética y al gimnasio para conseguir un cuerpo delgado pero con curvas.

Hay que decir que, en los últimos 5 o 10 años, el movimiento curvy ha irrumpido con fuerza para imponer un canon de belleza que defiende que la belleza no se debe medir por los kilos que pesas. De esta manera, se ha empezado a ver un cambio de tendencia para valorar los cuerpos tal y como son. A nivel masculino, hay que decir que se sigue con el ideal clásico aunque también han surgido tendencias que pretenden romper con los estereotipos como es el caso del movimiento “fofisano”.

Como vemos, a lo largo de la historia, el ser humano ha buscado la belleza ideal, pero, como dijo Coco Chanel, “la belleza empieza con la decisión de ser uno mismo”.

Carlos Llanas

@carlosllanas_ @rincondhistoria