CASAS VIEJAS: LA HERIDA DE MUERTE AL BIENIO REFORMISTA

CASAS VIEJAS: LA HERIDA DE MUERTE AL BIENIO REFORMISTA

En enero de 1933, el gobierno de la II república llevó a cabo uno de los actos de represión policial más duros que se recuerdan en la historia reciente de España. Estos sucesos marcaron el principio del fin del gobierno Azaña y el cambio de tendencia ideológica en la España republicana hacia la derecha. Hoy hablaremos brevemente del suceso de Casas Viejas.

Por la Revolución

En enero de 1933, varios sectores del sindicato de la CNT, la Confederación Nacional del Trabajo, veían que la República española se estaba volviendo “burguesa” por las diferentes leyes y debates que se estaban produciendo desde la proclamación de esta dos años antes.

Para proteger los intereses de la clase obrera y para “impedir la consolidación de esta República burguesa”, el 8 de enero se celebró un acto insurreccional por parte de los diferentes comités de defensa regional de la organización anarquista por todo el territorio nacional sin el consentimiento del Comité Nacional.

En las semanas previas, los anarquistas ya estaban haciendo actos terroristas con explosivos y la policía ya estaba deteniendo a miembros de la organización. Entre el 8 y el 10, se produjeron huelgas, proclamaciones de comunismo libertario y enfrentamientos armados entre los anarquistas y las fuerzas del orden. Hubo numerosos detenidos y fallecidos por parte de ambos lados.

Y esto nos lleva a Casas Viejas. En esta población gaditana, la noticia del fracaso y fin de la revuelta no llegó por el corte de comunicaciones de los anarquistas. Y esta situación desencadenaría una de las grandes tragedias del periodo republicano de los años 30.

48 horas para olvidar

Esto empezó en la madrugada del día 11. Un grupo de cenetistas proclamaron el comunismo libertario en el pueblo desde el balcón del Ayuntamiento a la que quitaron la bandera tricolor para poner la rojinegra. También aprovecharon para quemar el registro de la propiedad, al mayor mal en el campo andaluz desde la Edad media. Ya por la mañana, rodearon a punta de pistola y escopeta el cuartel de la Guardia Civil del pueblo.

Allí se llevó a cabo un tiroteo entre estos anarquistas y los agentes que se encontraban en el cuartel. Ante esta situación, la Guardia Civil pidió refuerzos y llegaron un contingente de guardias civiles de Jerez y, más tarde, otro de Alcalá de los Gazules. La insurrección había fracasado.

Los revolucionarios y la gente del pueblo se escondieron en casa para evitar represalias. Por su parte, la Guardia Civil empezó con las detenciones. Varias personas acusaron de instigar la revuelta al vecino Francisco Cruz Gutiérrez, apodado “Seisdedos”, y a sus dos hijos y yerno. Tras esta confesión, los cuerpos de seguridad se dirigieron a casa del carbonero de 72 años y fueron recibidos con disparos. Uno de los guardias de asalto murió por uno de los disparos.

De madrugada, la operación para capturar a Seisdedos no obtenía resultados y, ante esta situación, el Gobierno ordenó mandar a otro contingente de la guardia de asalto, esta vez dirigida por el capitán Manuel Rojas Feijespán. Rojas traía órdenes muy claras desde la Dirección General de Seguridad: poner fin a la revuelta de cualquier manera. Y así lo hizo.

A las órdenes de Rojas, la casa de Seisdedos fue rodeada, acribillada a balas y rociada de gasolina e incendiada con los anarquistas dentro. Todos murieron o por una metralleta o calcinados; a excepción de la nieta de Seisdedos, María Silva Cruz “La Libertaria”. Aun así, lo peor estaba por llegar.

A las 4 de la madrugada del día 12, el capitán Rojas ordenó arrestar a todos los cabecillas anarquistas del pueblo que quedaran vivos y a disparar a cualquiera que opusiera resistencia. De esta orden, los guardias de asalto detuvieron a doce personas que llevaron a la casa carbonizada de Seisdedos y los asesinaron allí.

También mataron a un hombre mayor inocente que no tenía que ver con nada. Por parte de las fuerzas del orden, ese día moriría el sargento del cuartel de Casas Viejas y, dos días después, un guardia civil del mismo cuartel. Ambos habían resultado herido durante el tiroteo de la mañana del día 11.

Conmoción nacional

En total murieron 26 personas a manos de la Guardia Civil y de la Guardia de Asalto. Este suceso provocó una gran conmoción en la sociedad española y en la clase política.

A partir de ese momento se empezaron a señalar a los responsables de tal masacre: los capitanes de la Guardia de Asalto y de la Guardia Civil Manuel Rojas y Bartolomé Barba, el delegado del gobierno de Cádiz, Fernando de Arrigunaga y el director general de Seguridad Arturo Menéndez.

A nivel político, se formó una comisión parlamentaria que inició una investigación para esclarecer todo lo sucedido en Casas Viejas. Gracias a las investigaciones judiciales y a los testigos que vieron todo lo sucedido, se dictó que el Gobierno no tenía culpa de lo sucedido que, por otra parte, fue producto de un acto de extralimitación de las funciones de los cuerpos de seguridad.

Rojas fue condenado a 21 años de prisión y Méndez fue destituido de su cargo. De todas maneras, el daño ya estaba hecho. Azaña y su gobierno estaban condenados a caer; cosa que pasó en septiembre de ese mismo año.

Por su parte, Rojas y Barba participarían activamente en el Golpe de Estado de 1936 a favor de los sublevados y Menéndez sería detenida por los golpistas en Calatayud y fusilado en Pamplona el día 19 de julio del 36.

Como vemos, los sucesos de Casas Viejas fueron una de las heridas de la Segunda República a la que pienso que no se indaga lo suficiente, ya que viene como resultado del contexto social y político de la primera etapa de la República y es causa del fin del “periodo izquierdista” de la misma. Es un episodio de la historia de España que no deberíamos olvidar.

Carlos Llanas

@carlosllanas_ @rincondhistoria