LA DOMUS AUREA: EL CAPRICHO DE NERÓN

LA DOMUS AUREA: EL CAPRICHO DE NERÓN

 

Nerón pasó a la historia como un emperador arrogante, déspota, sanguinario y sin corazón. Estas cualidades fueron las que le llevaron a la construcción del palacio más grotesco jamás construido por un emperador: la Domus Aurea. Hoy hablamos de esta construcción que pretendió ser el orgullo del emperador más odiado por los romanos.

 

Una casa en medio Roma

 

Antes de la construcción de la Domus Aurea, el emperador ya contaba con un palacio céntrico en la capital imperial llamada la Domus Transitoria. Este palacio conectaba dos de las colinas más importantes de la ciudad como son el Palatino y el Esquilino y contaba con jardines y pequeñas fincas imperiales. Sin embargo, el emperador quería algo más suntuoso.

En la madrugada del 18 de julio del año 64 d.C, se inició el gran incendio de Roma. Esta ciudad sufría constantes incendios, pero este asoló Roma durante seis días y siete noches.

Dos tercios de la capital imperial fueron arrasados, miles de personas perdieron su vida y otros miles se quedaron sin casa. Este suceso dejó a todos los romanos con una gran tristeza en sus rostros, menos Nerón, ya que vio la oportunidad de construir ese gran palacio justo en el centro de Roma. De aquí viene la leyenda de que fuera Nerón el responsable del incendio y de que se diga que, mientras ardía Roma, se veía al emperador tocando una lira.

La Casa de oro

La nueva residencia imperial fue encargada a los arquitectos Severo y Céler. Estos planificaron un complejo compuesto por diferentes edificios separados por grandes jardines y grandes extensiones de tierra que ocupaban unas 50 hectáreas entre las colinas del Palatino, Esquilino y Celio.

Si nos centramos en el edificio principal como tal, la Domus Aurea contaba con más de 300 habitaciones decoradas con columnatas, objetos de plata y oro y paredes magistralmente pintadas con la técnica de la pintura al fresco por el gran artista Famulus.

Las paredes del palacio también fueron engalanadas con miles y miles de piedras semipreciosas, mármol blanco y oro que, al recibir la luz del sol, hacían que la mansión de Nerón brillara. Los altos techos aumentan la sensación de grandeza de esta espectacular mansión.

Dejando de lado la cantidad de obras pictóricas y escultóricas con las que Nerón engalanó su nueva casa y que, en el siglo XV, inspiraron a las grandes figuras del Renacimiento, la Domus Aurea tuvo tres cosas que siguen sorprendiendo, en concreto, a día de hoy.

El palacio de Nerón tenía su entrada justo en la Via Sacra, una de las principales vías de la ciudad y, al entrar al palacio, este contaba con un enorme vestíbulo que albergaba una estatua colosal de 35 metros de altura que representaba al dios del sol.

Pero todos sabemos lo egocéntrico que era Nerón, ¿no? Para el que no lo sepa, el coloso tenía la cara del emperador para, de esta manera, ensalzarlo como una divinidad. Por si eso no fuera poco, la segunda cosa que sigue sorprendiendo de la mansión imperial es que, pasado el vestíbulo, el visitante se topaba con un enorme lago artificial.

El espacio de este lago, tras la muerte de Nerón, sería ocupado por el Coliseo. Finalmente, otra cosa que sorprendía de este palacio era un comedor que, según cuentan las fuentes, era un comedor en el “el techo giraba”.

Actualmente, esta sala, conocida como coenatio rotunda, está descubierta y abierta a los visitantes y los arqueólogos creen que no era el techo el que “giraba” sino que eran los comensales los que daban vueltas porque estaban en una plataforma de madera que, a través de un sistema de canalizaciones, era empujada por el agua para producir ese movimiento.

La construcción de este gran edificio fue supervisada en todo momento por el propio emperador.

La condena al olvido

Nerón, por desgracia de sí mismo, no vería acabada esta obra, ya que se suicidó en el año 68. Con la muerte de este emperador se acababa la dinastía Julio-Claudia, el gobernador de la Hispania Tarraconense, Galba, se autoproclamó emperador con el apoyo de las legiones hispanas y el propio Senado en Roma.

A partir de aquí daría comienzo el turbulento “año de los cuatro emperadores” hasta que el emperador Vespasiano llegara para poner orden a nivel institucional y con la instauración de la dinastía Flavia.

Durante ese año de luchas por el poder, la Domus Aurea quedó en un segundo plano hasta la llegada de Vespasiano al poder. El emperador decidió, una vez calmadas las aguas, llevar a cabo una damnatio memoriae (condena de la memoria en latín) con el apoyo del Senado.

Esta decisión conllevaba, como su propio nombre indica, borrar cualquier rastro de Nerón y su gobierno. De esta manera, Vespasiano pudo ir a por la Casa de oro.

Con el palacio de Nerón, Vespasiano y sus herederos decidieron devolver al pueblo romano todo aquel terreno que Nerón les expropió tras el gran incendio.

Con esa idea en mente, Vespasiano, como ya hemos comentado, cogió el enorme lago artificial de la Domus Aurea, lo secó y construyó encima de él el Anfiteatro Flavio; más conocido por todos como Coliseo. Por otra parte, el emperador mantuvo el Coloso de Nerón, pero ordenó que le cambiaran la cara para que no se pareciera más al déspota.

Hay que decir que construir el Coliseo encima del antiguo lago de Nerón permitió que, en pocas ocasiones, la gente de Roma pudiera ver en el recinto batallas navales o naumaquias.

El emperador Tito, hijo de Vespasiano, tras la muerte de su padre por causas naturales, continuó la damnatio memoriae iniciada por su padre y ordenó construir unas termas en el año 80. Esta idea de las termas la continuó, muchos años después, el emperador Trajano. Con el emperador de origen hispano, la memoria de Nerón quedó definitivamente borrada.

O no. En el siglo XV, un joven romano, por accidente, cayó por un agujero cuando iba por la calle y llegó justo en medio del palacio de Nerón que, al haber sido sepultado siglos atrás, mantuvo los murales pintados al fresco completamente intactos. Estos murales, como ya hemos dicho, servirían a los pintores del Renacimiento como inspiración.

Al final, la Domus Aurea no fue algo tan malo. A pesar de lo que significó en su momento: arrogancia, despotismo, vanidad, superioridad moral… Este palacio sirvió, siglos después, para que ahora podamos disfrutar del movimiento arquitectónico conocido como grutesco o de obras pictóricas inspiradas en el mundo romano como El nacimiento de Venus.

Carlos Llanas

@carlosllanas_ @rincondhistoria